Lo conocí hace muchos años, cuando en el toreo los periodistas con los toreros, los mozos de espada, los ayudas, los apoderados... formábamos una familia. Eso ya no es así.
El hermano de Curro Vázquez, así nos lo presentaban para al poco darte cuenta de que era él mismo, Antonio Vázquez. He conocido a muchos veedores, apoderados, empresarios... pero ninguno de esos taurinos poseían el don de la discreción, del trabajo silencioso, del trato de máxima cercanía y elegancia. Nos veíamos de forma breve en todas las ferias, quizá una copa, una comida… Recuerdo que me hablaba, en la época de apoderar a Rafael de Paula, con listeza y medida: "Tu paisano es especial, tú no puedes firmarle corridas, tú tienes que dejarlo a él que lo vea claro". Y así lo hacía. Semanas antes de su muerte, Rafael de Paula me dijo en su casa, en su abandono, que Curro y Antonio habían sido los que más lo habían comprendido cuando fueron sus apoderados.
Es un dolor inmenso porque él era de las personas que veías de cuando en vez pero que no olvidabas esos encuentros. Esto puede parecer el panegírico al uso de alguien fallecido y dicen que todos entonces son buenos. No, esto es el evangelio, la verdad y desgraciadamente no es la vida, es la muerte inesperada de un hombre que el que lo conoció no olvidará jamás.

