Desde por la mañana, incluso en los días previos, se venía barruntando la feliz noticia que se acabó confirmando pasadas las 18:00: quince años después, la plaza de Vista Alegre colgaba el cartel de "No hay billetes". Un llenazo tan grande como el alegrón que supone para una feria necesitada de este empujón vitalista. Las Corridas Generales demandaban un ambiente como el de este jueves. El aluvión de gente hizo que la corrida comenzara con retraso. Los vomitorios hervían y hasta casi pasados quince minutos de la hora de inicio no asomó el primer toro con el personal todavía buscando acomodo en sus localidades.
Con el ambiente desbordado, Roca Rey se encontró en su salsa y en cuanto encendió un poquito la mecha, la pasión se desató con el torero peruano, que tiene un magnetismo con los públicos inabarcable. Se llevó dos orejas, una de cada toro de su lote, y puso en son triunfal una tarde que iba precisamente para lo contrario. Es lo que tienen las figuras, que además de llenar, también le dan la vuelta y cambian el signo de una tarde. Y si la fiesta no fue completa se debió a que la corrida de Victoriano del Río estuvo por debajo de lo esperado. Un pinchazo de una divisa que nos tiene mal acostumbrados.
Bilbao, ya digo, enloqueció con Roca Rey. Como una exaltación se vivió el brindis al público del tercero que ya hacía presagiar el entusiasmo desatado. Fue este toro, a la postre, el de mejor nota del flojo encierro. El peruano sacó toda la artillería desde el ceremonioso quite por saltilleras en los medios. Se movió el victoriano, el de mayor transmisión de los seis, ideal para el peruano, que, firme y asentado, ligaba las series por abajo en un palmo de terreno. Abundantes sobre la mano derecha, de seis y siete muletazos. Le apretó Roca Rey hasta que se le acabó el fuelle al toro. Molestó el racheado viento pero no pareció importarle al torero. Ese entusiasmo por Roca Rey se desencadenó cuando tras un desplante tirando la muleta después del clásico arrimón de su repertorio metido entre los pitones, la plaza volvió a enloquecer puesta en pie. No falló Roca Rey a sus fieles. Mató con su contundencia habitual. Una petición fuerte. El presidente Matías aguantó el mar de pañuelos y dejó el premio en un trofeo.
El sexto -único cinqueño de la corrida- también lo brindó Roca Rey al público. Este toro arreó en banderillas tras escupirse previamente en el caballo. De rodillas Roca Rey y en pie el público de nuevo tras un explosivo inicio de rodillas. Pura pólvora. El toro se abría de más en una primera serie en la que amagó buscando la huida. Ya en la siguiente, cantó la gallina. Roca Rey no se iba a quedar ahí y con responsabilidad de figura y el toro rajado, se lo pasó por aquí y por allá no menos de media docena de veces y en ese terreno, con esas armas, no tiene rival. Ahí los públicos se chiflan. Camino de coger la espada, se desencadenó un vendaval. No se sabe si por esa u otra razón, Roca Rey, ¡oh, sorpresa!, tiró la muleta, y casi sin tiempo para reaccionar, hizo la suerte marcando los tiempos a la perfección a cuerpo limpio y sin encunarse dejó una estocada arriba. Un punto atravesada quizás. De ahí que necesitara el golpe de descabello. Una oreja a la entrega, el compromiso y el amor propio.
URDIALES, UN AÑO DESPUÉS DE LA GRAN OBRA
Tras un par de conatos de ovación, a la tercera sacaron a saludar a Diego Urdiales por la extraordinaria obra que firmó en esta plaza hace un año. El reconocimiento tenía un único destinatario: el riojano, que, generoso, quiso compartir el momento con sus compañeros de cartel. Sus dos faenas tuvieron un guion similar porque casi idénticos fueron los dos toros de su lote. Ambos tuvieron las buenas intenciones pero no las fuerzas ni el empuje. Un primero -en faena brindada a Enrique Ponce- sin golpe de riñón y un cuarto demasiado flojo que se apoyó sobre las manos y se defendió. Empeñoso Diego, quiso más de lo que sus toros admitían y podían. Aun así, dejó media docena de muletazos de categoría y toreo caro. Al cuarto, además, lo mató fenomenal. Y al otro, también.
Talavante quedó prácticamente inédito. Fue toro el segundo tan dulce que dijo poco. La clase, sí, pero la escasa emoción también. Muy fácil con el toro Talavante, pero no había emoción alguna que levantara aquello pese a la calidad de los muletazos sueltos del extremeño. El quinto, además de flojo, se defendió soltando la cara y sin gracia alguna. Talavante tampoco se dio mucha coba y abrevió porque no cabía otra cosa.
Bilbao. Jueves 27 de agosto de 2026. Toros de Victoriano del Río, correctos de presentación, flojos en conjunto; rajado el sexto. Diego Urdiales, ovación con saludos y ovación con saludos tras aviso; Alejandro Talavante, silencio en ambos; y Roca Rey, oreja con fuerte petición de la segunda y oreja tras aviso. Entrada: Lleno de "No hay billetes". Saludó tras banderillear al sexto Agustín de Espartinas.
