CORRIDAS GENERALES

La ambición de De Miranda y Marco frente a la solidez de Castella en Bilbao

José Ignacio Galcerá
viernes 28 de agosto de 2026
La suerte quedó repartida a partes iguales y a cada uno le correspondió un toro propicio de la notable corrida de Domingo Hernández; una oreja por coleta; un monosabio, herido por el cuarto
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Tres orejas, tres toros buenos y que pusieron lo que hacía falta para triunfar, dos debuts, que fueron los de David de Miranda y Marco Pérez, en sus casos, importantes debuts por la determinación con la que pisaron una plaza de la responsabilidad de Bilbao, una cornada grave, que fue la nota desagradable del festejo a un monosabio cuando coleaba al cuarto toro, también polémica presidencial cuando Matías no concedió una segunda oreja a De Miranda pedida con mucha fuerza y que igualaba en premios faenas de menor peso, y hasta hubo un altercado en los tendidos que obligó a las fuerzas policiales a intervenir, todo eso pasó en la penúltima tarde de las Corridas Generales.

La faena de mayor impacto de la tarde fue la del quinto. La hizo David de Miranda en una actuación creciente, de menos a más o a mucho más. Sobre la base de la quietud armó un alboroto. La seriedad del toro venía por su cara y no tanto por su cuerpo. El onubense, de mitad de faena en adelante, se arrimó, se arrimó y no dejó de arrimarse. Se dejó llegar los pitones a milímetros de los muslos, y ahí, impávido, "jugaba" con él escondiéndole y enseñándole la muleta. No fue toreo de cercanías, fue mucho más cerca. El cuerpo metido entre los dos pitones como se ve en la imagen que ilustra esta crónica. David pisa los terrenos donde queman los pies con el hielo de su descomunal valor. Avasalló al noble toro. En las bernadinas no cupo mayor ajuste. Con la firmeza con la que estuvo se tiró a matar, cobrando una estocada de la que salió con el chaleco hecho trizas del pitonazo en el pecho. Pese a la unánime y fuerte petición, a Matías se le vio que tenía claro que iba a dejar el premio en una oreja.

Su primero, segundo de la tarde, fue quizás el de más armónicas hechuras y el que con mejor estilo embistió. Tras los estatuarios en los medios de la apertura, De Miranda cogió la mano izquierda, que fue la del toro -en realidad las dos- pero por esa mano tuvo un punto mayor de profundidad. Sin embargo, el de Trigueros apostó por el toreo sobre la diestra, templado, vertical, sobre la quietud y las plantas asentadas, que son la base de su tauromaquia. Un cambio de mano -como otro al final de la faena- para rematar una serie fue extraordinario. Y un pase de pecho convertido casi en un circular redondeó una serie. Finalizó por manoletinas pero pinchó con la espada antes de enterrar una estocada baja.

EL DEBUT DE MARCO

El toro del debut de Marco Pérez en Bilbao fue devuelto. Se corrió turno. Ese toro, huidizo, que arrollaba, generó un desconcierto general en todos menos en Marco Pérez, que desde el torero y poderoso inicio se impuso al de Domingo Hernández. Tragó, aguantó y esperó con una firmeza bárbara ante un toro que venía andando, era remiso a embestir y nada claro. Una faena de mucho fondo. Muy templado el charro, el valor para torear. Así llegó una tanda de naturales excelentes como cumbre de una faena muy seria. Tenía el premio de la oreja pero pinchó en dos ocasiones.

A por todas salió en el sexto -sobrero y cinqueño, como el primero-, variado con el capote -quite de Oro de Pepe Ortiz incluido-, y arrebatado con la muleta. Atacó -en ocasiones hasta de más- desde el prólogo de rodillas. Una faena de mucha determinación, sin guardarse nada. Sobre la diestra el toreo ligado, asentado y largo. Ese puntito tardo y escarbador que tuvo el toro no afeó su extraordinaria condición. Llevado quizá por el hambre de triunfo, acabó amontonándose y hasta alargando en exceso una faena cuando tenía al público caliente. Tras el pinchazo llegó una gran estocada que tumbó al toro.

Sebastián Castella tuvo una de cal y otra de arena. O lo que es lo mismo: un toro bueno y uno malo. El que no sirvió fue el primero, manso, corretón de salida, fue de banderillero a banderillero sin que nadie se hiciera dueño de la situación. El francés pareció tenerle fe e incluso pidió paciencia pero el manso de Domingo Hernández dijo que nones.

En el cuarto ocurrió de todo. Sebastián Castella se templó a la verónica, los mejores lances de la tarde y por el momento de la feria. Fue este el toro de la cornada al monosabio y del altercado. En ese ambiente, entre el drama y la distracción, pasó la lidia hasta que Castella se fue a los medios y se pasó al toro por la espalda. De la abundante, templada, ligada y fácil faena, lo mejor fue una serie de naturales por el trazo y por las formas. Por una y otra mano embistió el toro, con un gran fondo de nobleza y clase. Castella se explayó desde el toreo fundamental hasta las cercanías. Con la estocada desprendida se desató una petición atendida por el palco.

Bilbao. Viernes 28 de agosto de 2026. Toros de Domingo Hernández (6º bis), correctos de presentación y de buen juego, especialmente segundo, cuarto y sexto. Sebastián Castella, silencio y oreja; David de Miranda, ovación con saludos tras aviso y oreja con petición de la segunda y dos vueltas al ruedo; y Marco Pérez, ovación con saludos y oreja. Entrada: Alrededor de media plaza.

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