Cuando contemplas sucesos como el protagonizado por Morante de la Puebla en Málaga, por citar uno de los últimos de los muchos que han acabado conmoviendo a los aficionados, o cuando compruebas que firma una temporada llena de compromisos en todo tipo de plazas cuando por edad y trayectoria estaría en disposición de administrar esfuerzos, escoger escenarios y caminar hacia el final de su vida torera con la serenidad de quien ya ha dejado escrita una obra, digo que cuando analizas estos datos te tienes que preguntar qué código ético es el suyo. La respuesta se presenta rotunda: su código es el compromiso absoluto con la verdad del arte de lidiar toros por encima de las ventajas que aporta la merecida y bien ganada comodidad que suele ofrecer una carrera acrisolada de auténtica figura.
Claro que llegado a este punto surge otra pregunta que el aficionado no deja de hacerse: ¿por qué ahora? ¿No le hubiera resultado mucho más sencillo defender la liturgia y el clasicismo cuando todavía estaba construyendo su carrera?… Porque lo difícil es hacerlo cuando se ha alcanzado la cima, cuando el cuerpo empieza a reclamar una tregua. La respuesta debe encontrarse con más preguntas: ¿empleó todo ese tiempo transcurrido desde aquel 29 de junio de 1997, tarde en la que tomó la alternativa en Burgos, en ir asumiendo los conceptos del toreo que él debió soñar admirando a Joselito "El Gallo" a quien ha convertido en su referente?… ¿quiso que lo apoderara Curro Vázquez durante tres temporadas para consolidar su estatus de torero de culto?… ¿su habitual paso por la goyesca de Ronda le despertó sentimientos ancestrales?… Desde luego que no sería ningún disparate que haya sido así y solo el propio torero podría confirmarlo o desmentirlo.
Lo que sí está claro es que la generación actual de aficionados se ha encontrado con un regalo impensable, lo soñado, al disfrutar de un torero que en los últimos años ha profundizado en la recuperación de formas y suertes vinculadas a la tradición, desde la inspiración de los grandes clásicos hasta una concepción del toreo cada vez más alejada de efectismos impostados. Su empeño no parece dirigido únicamente a crear belleza, sino a recordar que esa belleza nace de unas reglas, de una técnica y de una manera determinada de colocarse delante del toro. Esa es la verdadera grandeza de este Morante, sin olvidar que los ha conseguido en plena madurez. Honor y larga vida al genio.
Morante en Málaga, el penúltimo suceso del genio sevillano.
