Hay algo de atávico en la ganadería de Los Maños. Algo que trasciende en el tiempo y que te hace trasladarte al paleolítico, cuando en estas mismas estribaciones prepirenaicas de Luesia (Zaragoza) los primeros hombres convivían con uros, tal como hoy hace la familia Marcuello, con José Luis a la cabeza y el mayoral José María Gallego, en la finca Vistahermosa con sus hatos de toros y novillos. Aquí no hay medios mecánicos, ni caballos que auxilien a ganadero y vaquero. Aquí todo se hace a mano, cumpliendo esa máxima del temple como expresión de que la despaciosidad es lo que trasciende, ya sea en la plaza o en el campo. Uno, mientras ve el manejo de los dos hombres en medio de utreros y cuatreños, no puede más que revivir la paciencia que debieron exhibir aquellos seres de las cavernas que, a apenas ochenta kilómetros de aquí, en la cueva de la Fuente del Trucho (Asque-Colungo, Huesca), dejaron hace 22.000 años el testimonio pictórico más antiguo de Aragón: manos pintadas de rojo y siluetas de caballos que hablan de la misma relación de dependencia y respeto hacia el animal que, siglos después, sigue rigiendo el trato entre el hombre y el toro en estas mismas montañas.
Así lo refiere el propio José Luis: "Aquí no tenemos caballos, porque la finca es muy quebrada y las labores se hacen a pie”, sonríe y añade anteponiéndose a la pregunta: “Si tú les das confianza, ellos te la devuelven". José María Gallego, el mayoral de la casa, atestigua con un gesto inequívoco de cabeza. Nadie mejor que él puede dar fe de esta circunstancia, no en vano lleva en Los Maños desde los catorce años y tiene casi sesenta. Interviene con la sabiduría que da la experiencia vivida: "Al toro hay que hacérselo todo con mucha calma. Aquí se toca a los animales, a todos. Desde las vacas a los toros, pero siempre con respeto. Entonces como desde pequeño conocen este manejo, ya lo tienen asimilado de mayores". José Luis remacha: "Sin gritos, que los vuelven locos, todo a pie, sin caballos ni perros, con tranquilidad. Como es el toreo: despacio”.
Hábitat natural e integridad serían los titulares porque aquí, en Vistahermosa, la casa ganadera de Los Maños, el toro no se enfunda: "A mí, personalmente, me gusta ver al toro con sus pitones al natural. Por eso aquí no se usan las fundas, a pesar de lo quebrada que es esta finca. Ya estás viendo los barrancos que hay", señala con la mano. "Cuando riñen se tiran por la ladera", nos cuenta. ¿Esto conllevará muchas bajas?, preguntamos: "Claro, además de que hay novillos y toros que las puntas se las ponen romas de meterlas en la tierra, pero a pesar de todos esos contratiempos, seguimos sin ponerlas".
"Me gusta ver al toro con sus pitones al natural. Por eso aquí no se usan las fundas"
Repasamos la novillada de Zaragoza, a la que José Luis no quita ojo. Así que toca preguntar por cómo vive un ganadero de la tierra estar anunciado en El Pilar: "La Misericordia es muy grande. Nosotros vamos a nuestra plaza, a la que hemos ido desde críos. Conocemos a mucha gente. Somos abonados. En todos los sitios quieres que salgan las cosas bien, pero en Zaragoza después de tres años sin ir, figúrate: la gente nos está esperando y no queremos defraudarles".
No creo que defrauden a ningún aficionado porque el lote tiene las señas de identidad del hierro. Un encierro que según el ganadero se ha seleccionado como es habitual en la casa: "Nos gusta ir siempre abiertos de sementales. En esta ocasión van de cuatro, y se han elegido además por notas, por reatas y, sobre todo, por las hechuras. Ya que solo hay una novillada en la Feria del Pilar, lo que queremos es que embistan y salgan los chavales triunfantes. Ojalá", remata con un brillo especial en los ojos.
El regreso de Los Maños a Zaragoza tres años después: "La gente nos está esperando y no queremos defraudarles”
Volvemos al tema de los sementales y nos cuenta: "Son fundamentales. Por lo menos en nuestra ganadería, el 80 %, por no decirte el 90 %, tanto en morfología como en comportamiento, lo dan los sementales. Eso sí, siempre con una buena vaca".
Hablar de raceadores y de Zaragoza es hacerlo inexorablemente del 42-Quejoso, indultado en el coso de Pignatelli por Varea. "Aún vive, con sus quince años, y hasta este año ha cubierto algo. Ha dado productos impresionantes de buenos, de duraderos, en el caballo... fue un acierto que nos indultaran ese animal en la Misericordia", afirma. En el cerrado hay ocho utreros que sueñan con emular a Quejoso y dejar en todo lo alto el pabellón de la sangre santacoloma, aquella que fueron a buscar el padre y los tíos de José Luis porque era la que les llenaba como aficionados: "Ellos antes de ser ganaderos, eran aficionados, y al aficionado lo que le gusta es emocionarse. Este es un encaste mucho menos comercial, muy difícil de llevar, pero es lo que les gustaba en aquel momento, y lo que nos gusta a los jóvenes. Por eso lo seguimos manteniendo".
Esto nos lleva a hablar de la temporada, ¿cómo está siendo desde la óptica del ganadero? "Tanto toros como novillos están embistiendo mucho. Llevamos una regularidad muy buena, y eso es lo que nos fascina, lo que más intentamos conseguir. También es lo más difícil: poner una ganadería en regularidad. Y nosotros la estamos teniendo desde hace ya muchos años. Eso es muy bueno porque da opciones a los toreros para el triunfo y también a los aficionados para que disfruten y se emocionen, algo muy necesario en el mundo del toro".
“Quejoso aún vive, con sus quince años, y hasta este año ha cubierto algo"
José Luis refuerza su discurso al hablar de la humillación, seña de identidad de la sangre que cría en su ganadería: "Es fundamental en un animal: que empiece en el capote y termine humillando en la muleta. Eso en Santa Coloma es muy difícil y es lo que intentamos conseguir, que no siempre lo logramos, porque en este encaste estamos viendo todas las ganaderías, tanto la nuestra como otras, que empiezan humillando, pero a mitad de muleta levantan la cara. Por eso es algo fundamental en nuestra casa que humillen, y para que esto suceda la morfología del animal es primordial. Tienen que ser toros bajos. Si luego no podemos ir a según qué feria, pues iremos a otras. La cuestión es que la afición ya sabe lo que va a ver: un novillo bajo, con no muchos pitones, pero es lo que estamos criando y lo que tenemos que seguir manteniendo porque es lo que nos están embistiendo; animales bajos, largos y que tengan cuello para que puedan humillar, si nos pasamos de altura, no nos van a embestir y no vamos a disfrutar ni nos va a llenar, y esto es muy duro todo el año como para que luego lidies y no te quedes satisfecho con lo que estás criando".
Dejamos las quebradas tierras de Luesia con una sensación similar a nuestra llegada, la de haber sido testigos de la continuación de un rito ancestral que viene sucediendo desde la noche de los tiempos e impregna estas tierras pirenaicas en donde cada invierno jóvenes cubiertos con pieles, cuernos y cencerros que encarnan la fuerza masculina, conocidos como los Trangas, perpetúan un ritual cuyas raíces nadie sabe fechar con exactitud. Los Maños, la única ganadería de festejos mayores de Aragón, nacida de la mano de la familia Marcuello y fiel al encaste santacoloma, reivindica a su modo esa genealogía milenaria del hombre y el uro cuando de forma explícita el mayoral o el ganadero entran en los cerrados a cuerpo limpio para dar de comer a los lotes y logran que perviva ese vínculo ancestral, el mismo que estas montañas llevan custodiando desde mucho antes de que existiera la palabra ganadería.



