El nombre de Christian Montcouquiol "Nimeño II" ha vuelto a saltar a la arena de la actualidad. Y lo ha hecho de la mejor manera que podía hacerse: poniendo su nombre a una escuela taurina. Ha sido un colectivo formado por clubes taurinos y aficionados quienes han creado en la monumental ciudad de Nimes la Escuela Taurina Nimeño II. Ejemplar.
Hay que reconocer que la idea es todo un homenaje a la figura de un hombre, de un torero, que se fue demasiado pronto y del que no hay que olvidar que apareció en un momento decisivo para la tauromaquia francesa. Hasta entonces, ser torero francés podía parecer casi una rareza dentro de una Fiesta cuya gran referencia seguía estando en España e Hispanoamérica. Él contribuyó a cambiar esa percepción.
La prensa francesa de la época ya recogía, con cierta sorpresa, cómo un torero francés lucía su nombre en las ferias de postín junto a las figuras del momento. En la memoria aquella tarde en la que un toro de Osborne hirió de gravedad a Paquirri, alternando con El Viti y el propio Nimeño II en la Real Maestranza de Sevilla. Ya su doctorado en el anfiteatro romano de Nimes tuvo el sello de los distinguidos. Lo doctoró Ángel Teruel, figura referencial del momento, teniendo como testigo al ya para entonces ilustre José María Manzanares. Aquello significaba algo. Significaba que Francia podía tener sus propios toreros, sus propias figuras, sus propias plazas y una afición capaz de identificarse con hombres nacidos o criados al otro lado de los Pirineos.
Nimeño II fue uno de los grandes responsables de que aquella posibilidad dejara de ser una quimera para convertirse en una aspiración. Su carrera tuvo además una dimensión internacional que reforzó esa condición de pionero. Toreó en España y América y abrió puertas que para un torero francés no estaban precisamente abiertas de par en par. Madrid y México formaron parte de ese recorrido. Ahora, con la creación de esta escuela y ya con una tauromaquia en auge la afición de su tierra ha decidido ponerle nombre al futuro. ¡Chapeau!

