BIOGRAFÍA

Antonio Vázquez, el sabio del campo bravo de una dinastía única

Redacción APLAUSOS
viernes 30 de octubre de 2026
Un trágico accidente de tren que nunca debió ocurrir -cuando precisamente viajaba para ejercer su brillante faceta de veedor y buscar toros en el campo- se ha llevado al hombre que dedicó cada segundo de su existencia a buscar la belleza y la verdad en el campo bravo
Añade Aplausos en Google

Elige Aplausos como fuente preferida para encontrar más fácilmente nuestras noticias en Google.

Natural de Linares, Antonio Vázquez Ruano (1951-2026), nació en el seno de una de las dinastías de toreros más respetadas de la tauromaquia contemporánea. El amor por el campo bravo y una lealtad inquebrantable a su familia siempre caracterizaron al que fue hermano y pilar fundamental del maestro Curro Vázquez, y actual apoderado del diestro sevillano Pablo Aguado.

Matador de novillos, Antonio Vázquez vistió su primer traje de luces en Parejas en 1968. Poco después, toreando en un tentadero, fue herido de gravedad por una vaca, lesión que le mantuvo alejado de los ruedos durante dos años. Una vez restablecido, el 25 de julio de 1970 se presentó en la plaza de toros madrileña de Vistalegre en un festejo nocturno de la Oportunidad. No tuvo fortuna y pronto su nombre dejó de sonar, porque el destino de Antonio no estaba frente al público, sino en el silencio de los cercados.

Fue así cómo pronto destacó por una sensibilidad única y casi poética para ver el toro en el campo; ya que poseía ese don natural de los elegidos para adivinar el comportamiento de un animal con solo mirarlo a los ojos. Vinculado durante toda su vida a su hermano Curro Vázquez, formando una piña profesional y humana robusta junto a su otro hermano, quien ejerciera con la misma entrega las funciones de mozo de espadas, en esa faceta de veedor comenzó abriendo el camino para Curro. Pero su clarividencia no tardó en llamar la atención de los grandes estamentos del sector, llegando a incorporarse a corporaciones de la relevancia de la empresa de Simón Casas.

En ese punto, Antonio Vázquez se convirtió en todo un orfebre del toro: su mayor virtud era seleccionar el animal exacto, perfectamente entipado y hechurado, bajo la firme convicción de que la armonía de las formas es la llave que abre la puerta para que un toro embista.

También destacó en su faceta como apoderado, en la que también dejó una huella de magisterio y elegancia. Tras sus desvelos iniciales junto a Curro Vázquez, dejó su impronta en las carreras de diestros como Iván García, hasta llegar a su obra más íntima y actual: el apoderamiento del matador sevillano Pablo Aguado. Un proyecto que encierra una belleza especial, pues Antonio lo dirigía mano a mano junto a su hijo Fran, a quien introdujo en el complejo y hermoso arte del apoderamiento desde bien joven, transmitiéndole el legado, los valores y el señorío que siempre le caracterizaron.

Un trágico accidente de tren que nunca debió ocurrir -cuando precisamente viajaba para ejercer su brillante faceta de veedor y buscar toros en el campo- se ha llevado al hombre que dedicó cada segundo de su existencia a buscar la belleza y la verdad en el campo bravo representando el romanticismo puro de esos profesionales indispensables que, desde la sombra de los despachos y la inmensidad de las dehesas, sostienen la grandeza de la Fiesta. Hoy el toreo abraza a los suyos desde la incredulidad y tanto dolor. Hasta siempre, Antonio. D.E.P.

    Síguenos

    ÚLTIMAS NOTICIAS

    Cargando
    Cargando
    Cargando
    Cargando
    Cargando

    AL COMPÁS

    Marco Polope, diferente

    Marco Polope, diferente

    La cuestión en tiempo de tanta uniformidad y seguidismo de las figuras es muy a tener en cuenta. Sobre todo, si aceptamos que el toreo es un arte y no un curro

    Cargando
    Cargando
    Cargando