La pincelada del director

A cuento del chocazo epistolar

José Luis Benlloch
lunes 17 de septiembre de 2012
Añade Aplausos en Google

Elige Aplausos como fuente preferida para encontrar más fácilmente nuestras noticias en Google.

Al país le crujen las costuras y al toreo le crujen las costuras. Natural. A los problemas propios de la Fiesta, al topetazo eterno entre los modos diferentes de ver el toreo, a un lado los toreros a otro el toro, a un lado los espectadores festivos a otro los agrios, todo de imposible mezcla salvo milagros -alguna vez se producen-, se le ha añadido la coyuntura dramática que asola el país y afecta a todos. Ya no cabe señalar a la psicosis general como culpable, es psicosis, sí, pero es realidad también. Tiempos hubo en los que las crisis y las estrecheces y las penurias y las cadenas y hasta el ham­bre se compensaban con di­ver­timento. En la posguerra mis­ma­mente o en los no tan felices veinte. No hace tanto lo comentábamos en esta mis­ma columna: de la gente que em­peñaba el colchón para ver a José y Juan o eso nos contaron, hicimos un símbolo. Pues ahora no, ahora no hay quien empeñe o no hay qué empeñar.

Lea el artículo completo en su Revista APLAUSOS

Síguenos

ÚLTIMAS NOTICIAS

Cargando
Cargando
Cargando
Cargando
Cargando
Cargando

AL COMPÁS

Marco Polope, diferente

Marco Polope, diferente

La cuestión en tiempo de tanta uniformidad y seguidismo de las figuras es muy a tener en cuenta. Sobre todo, si aceptamos que el toreo es un arte y no un curro

Cargando
Cargando