Zaragoza afrontaba la primera de las dos tardes de máxima expectación llamadas a cerrar por todo lo alto la Feria del Pilar. El "No hay billetes" llevaba colgado prácticamente desde que se abrió la venta, la reventa había disparado los precios y alrededor de La Misericordia se respiraba ambiente de acontecimiento por el regreso de Morante de la Puebla cuatro años después. La muy justa de fuerzas y desrazada corrida de la familia Matilla frustró un espectáculo que parecía condenado a marcharse sin aquello que justificase tanta expectación. Pero apareció Aarón Palacio. El aragonés encontró en sexto lugar a Filósofo, el toro más bravo y completo del envío salmantino, para entregarse sin reservas, poner La Misericordia boca abajo y cortar dos orejas que cambiaron por completo el sino de la tarde.
Todo ello en una jornada marcada además por el homenaje al doctor Carlos Val-Carreres, presente durante la mañana y destinatario de los brindis de Morante y Palacio -Castella ya le había brindado un toro en su primera comparecencia del ciclo-.
Sin apenas fuerzas salió el primero de la tarde, que perdió las manos hasta en tres ocasiones durante el recibo de Morante de la Puebla, provocando los primeros pitos desde los tendidos. El animal volvió a claudicar posteriormente y el palco terminó atendiendo las evidencias de su escasa fortaleza. Pañuelo verde y devolución del primero a los corrales.
El sobrero de Domingo Hernández salió ya cogido con pinzas y llegó a la muleta prácticamente sin fuerzas, fondo ni transmisión. La banda comenzó a tocar pese a la nula condición del animal, decisión que provocó discrepancias en los tendidos, y Morante de la Puebla apenas pudo rescatar tres naturales sueltos dentro de un trasteo imposible de construir. El propio sevillano terminó pidiendo que cesara la música y optó por abreviar ante la invalidez del toro. Dos pinchazos y media estocada agarrada precedieron al aviso.
Sebastián Castella recibió a la verónica al segundo de Hermanos García Jiménez, que salió suelto pero permitió al francés estirarse antes de rematar con una larga en los medios. Tras un templado quite por chicuelinas de Aarón Palacio y un buen tercio de banderillas de Rafael Viotti y Alberto Zayas, el toro llegó a la muleta muy justo de fuerzas y acortando constantemente los viajes. Castella suplió las carencias con actitud y oficio, utilizando toques secos para provocar las arrancadas y llegando pronto a la cara para conseguir ligar ante una embestida descompuesta. Construyó así el grueso de la faena sobre la mano derecha hasta que el animal, completamente venido abajo, terminó girando sobre las manos. Una estocada ligeramente tendida produjo una muerte fulminante. El palco concedió una oreja tras aviso pese a una petición insuficiente.
Aarón Palacio despertó los tendidos desde el saludo capotero, con dos faroles de rodillas junto a tablas antes de continuar a la verónica y cerrar con una media abrochada y una larga. Tras un buen tercio de banderillas de Juan Sierra y Sánchez Araujo, brindó al doctor Val-Carreres y se llevó al toro más allá de la segunda raya con doblones templados. El animal llegó a la muleta cogido con pinzas y su falta de poder condicionó por completo el desarrollo de la faena, aunque conservó nobleza en sus embestidas. Palacio trató de sostenerlo desde la suavidad, buscando siempre la colocación y administrando las escasas fuerzas para construir una buena labor ante un toro a medio gas. Cerró con ajustados molinetes, pero los aceros terminaron borrando cualquier posibilidad de premio.
Con muchos pies salió el cuarto, al que Morante de la Puebla trató de recibir a la verónica sin conseguir limpiar los lances al engancharle el engaño. El sevillano brindó al doctor Val-Carreres y comenzó la faena con ayudados por alto para llevarse al toro hasta los medios. Allí apareció un animal con genio, descompuesto en los viajes y que soltaba tornillazos al final de los embroques cuando sentía la muleta. Morante optó por acortar las distancias y asumir el riesgo para tratar de ordenar aquella embestida, construyendo desde la exposición una faena que nunca tuvo facilidades. Cuando el toro terminó rajándose, encontró todavía el sevillano la serie más rotunda sobre la mano derecha, en terrenos paralelos a toriles, antes de dejar una estocada baja.
Protestado desde su aparición por su escasa presencia para una plaza de la categoría de Zaragoza, el quinto mostró además poco poder y una embestida frenada. Sebastián Castella brindó al respetable y comenzó por bajo ante un toro al que le costó entregarse, imponiéndose después a unos viajes rectos y con disparo. Menos convincente resultó su labor al natural, donde toreó más perfilero y al hilo del pitón, circunstancia que le recriminó parte del público. El francés cambió entonces el planteamiento y se metió en terrenos de cercanías para protagonizar un arrimón con el que consiguió conectar definitivamente con los tendidos. Una estocada cerró la faena y, pese a la petición, el presidente no concedió esta vez el trofeo que sí había otorgado con precipitación en su primero. Vuelta al ruedo para Sebastián Castella.
Aarón Palacio se fue a portagayola para recibir de rodillas y con limpieza al sexto, enlazando después otras tres largas de hinojos en el tercio antes de abrochar con una buena media un saludo que puso La Misericordia en pie. Brindó al público y volvió a comenzar de rodillas, sacándose al toro con ajustados ayudados por alto hasta la primera raya. El sexto tuvo mayor bravura y Palacio respondió bajando la mano y tirando de las embestidas con mando, ambición y garra, haciendo crecer una faena que mantuvo siempre una línea ascendente con series rotundas y largos pases de pecho. Aunque el toro fue perdiendo fondo, el aragonés no permitió que descendiera la intensidad y terminó desatando la locura con unas bernadinas ajustadísimas, con los pitones rozando la taleguilla. Todavía se la jugó en un desplante a cuerpo limpio en el que el animal hizo por él, quedando todo en un susto. Una estocada casi entera culminó la obra y el presidente mostró los dos pañuelos. Dos orejas para Aarón Palacio y ovación para el toro en el arrastre.
Zaragoza, viernes 16 de octubre de 2026. Toros de Hermanos García Jiménez, Olga Jiménez (6º) y Domingo Hernández (1º bis). Morante de la Puebla, silencio tras aviso y ovación con saludos; Sebastián Castella, oreja tras aviso y vuelta al ruedo tras petición; Aarón Palacio, silencio tras aviso y dos orejas. Entrada: Lleno de "No hay billetes". Saludaron tras banderillear al segundo Rafael Viotti y Alberto Zayas; y Juan Sierra y Sánchez Araujo, en el tercero.

