Michael Robinson fue un personaje querido por todos desde el principio. Le gustaba todo. Le llevé a la finca de Victorino y toreamos al alimón una vaca. Decía que nunca había sentido esa ilusión y ese miedo, ni cuando tenía que tirar un penalti con la selección irlandesa en el minuto 90.
Amó los toros. Antoñete fue su ídolo. Y Alfredo Relaño, el director de todos los periodistas de Canal Plus, fue su amigo. Alfredo fue y es un aficionado cabal con la fiesta de los toros. Sigue viniendo a Las Ventas.
Y Robinson se hizo muy amigo de Antoñete. Varias veces fuimos a torear al campo y él se autoconvirtió en “torilero”. Él abría la puerta al toro y aquello le parecía un honor y lo más importante del mundo.
Fue, sobre todo, bueno, genial, cercano, curioso, divertido y trabajador, con su acento inglés que nunca perdió y con su valentía porque siguió trabajando en la narración del fútbol dos años y medio aguantando ya el cáncer.
Se fue como era, cariñoso, divertido y currante. Le quería todo el mundo y aguantó hasta el final como un valiente o como un torero decía él.
Como futbolista fue internacional con Irlanda. Como ser humano fue un regalo. Nunca dejó de sonreír. Nunca le olvidaremos.
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Adiós a Robinson, por Manolo Molés
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