El 26 de julio de 2019, la plaza de toros de Valencia fue testigo de un punto final tan abrupto como desgarrador. En un arrebato de impotencia tras esfumarse el triunfo con los aceros, y ahogado por la presión y las dificultades de un sistema taurino hostil y parco en contratos, Varea se cortó la coleta. Un jarro de agua fría para el vareaísmo, aquella religión de fieles que vieron en él a la figura que Castellón estaba buscando. Siete años después, aquello es ya un punto y seguido. Lejos de guardar rencor a una profesión que le modeló como persona y a la que siempre se muestra agradecido, el diestro reconoce que atravesó una fase de distanciamiento y recelo. Sin embargo, la vida le abrió una puerta providencial al ponerse al frente de la Escuela Taurina de Castellón.
Entre las risas, el esfuerzo y las ilusiones de los chavales, Varea volvió a conectar con su infancia: "Volví a ser ese niño con la ilusión de ser torero". Y ahora, tras una decisión interior y muy personal, tras diez años de alternativa, rompe su silencio y confiesa un secreto a voces: "Vuelvo a torear. He decidido reaparecer la próxima temporada", anuncia con claridad y convencimiento. "Lo hago a nivel personal por necesidad del alma... porque necesito expresarme, sentirme torero y vaciar el alma. Lo hago porque si consigo expresar y ser feliz delante del toro, puedo lograr hacer feliz o emocionar a mucha gente".
"Lo hago por necesidad del alma... porque necesito expresarme, sentirme torero y vaciar el alma. Lo hago porque si consigo expresar y ser feliz delante del toro, puedo lograr hacer feliz o emocionar a mucha gente"
El contacto diario con sus alumnos, que llevan en su mirada la ilusión de ser toreros, además de la generosidad de los ganaderos de la tierra que hicieron que nunca dejara de torear en la intimidad del campo, han reavivado una llama que ya no se ha podido apagar. Al abrir de nuevo el armario y probarse los trajes de luces, la emoción superó cualquier temor: "Me llenó de mucha alegría el poder probarme un traje y que me viniera como el primer día, como cuando el día que me lo hice; eso sí que me llenó de moral". Sabe perfectamente que el camino no es un capricho y que el toreo exige peajes muy altos, pero su decisión responde a una necesidad puramente vital y artística. "No me quiero arrepentir, necesito el toreo para dar sentido a mi vida".
Con la temporada a la vuelta de la esquina, las dudas, los miedos y las mariposas en el estómago se mezclan con la ilusión desbordada. El torero asume que la decisión ha sido íntima y meditada, contrastada con los círculos más cercanos donde ha encontrado tanto el apoyo inquebrantable de quienes entienden que la vida es corta y hay que intentarlo, como la prudencia de quienes temen el sufrimiento y la dureza de la profesión. El punto de partida lógico y deseado es su casa: "La oportunidad donde me deben de brindar este primer paso sería Castellón, que es mi tierra, es donde he crecido taurinamente. Me gustaría que mi reaparición fuese un acontecimiento, hay mucha gente que durante estos años han soñado con ese día y quiero hacerles felices". La próxima Magdalena se cumple el décimo aniversario de su debut como matador de toros ante sus paisanos. Aunque sueña con la grandeza de plazas como Valencia o Madrid, pisa sobre seguro, consciente de que el éxito a corto plazo se edifica paso a paso.
"No sé si la decisión es la acertada o no, solo sé que me lo pide el corazón"
Uno de los pilares fundamentales de esta etapa de madurez es su labor pedagógica y su vínculo con las nuevas generaciones. Lejos de abandonar las aulas tras dar el paso de reaparecer, Varea tiene claro que ambas realidades deben de ir de la mano. Su intención es compaginar su preparación al 100 % con la dirección y el apoyo incondicional a los alumnos de la Escuela de Castellón. Para él, estar rodeado de sus alumnos, enfocado tanto en su propia puesta a punto como en la de ellos, es una fuente de estímulo constante que retroalimenta su propia carrera y evita que ningún alumno quede desamparado.
La afición castellonense, el vareaísmo más fiel que le acompañó por todos los pueblos, se enfrenta ahora a la noticia con la mezcla lógica de asombro y alegría. Varea lo sabe y comprende que habrá opiniones para todos los gustos, pero su brújula interna ya no entiende de dudas externas. No hay otra vida que no sea frente al toro. Ahora, la madurez del hombre ha hecho crecer al torero. Es el momento. La cuenta atrás ha comenzado. El torero de Almassora está listo para volver a emocionar con ese toreo repleto de gusto y personalidad que tanto cautivó a los aficionados. "No sé si la decisión es la acertada o no, solo sé que me lo pide el corazón", concluye.
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