A partir de una punta de vacas y el semental Carabella comprados al Conde de la Corte, durante más de sesenta años, Atanasio Fernández encumbró su ganadería gracias a la bravura fría y a la nobleza -nunca tonta- de sus toros. Pero los tiempos cambian. Contrapuestos a la globalización de un sistema donde no caben los encastes llamados atípicos -es decir todos los que no proceden de Domecq- , los herederos de Atanasio han renunciado a perseguir el sueño de su padre y abuelo, y a finales del 2009 han mandado su ganadería al matadero. Un año después de este triste suceso, las campanas de Campocerrado ni siquiera tocan a duelo, cómo si el luto estuviera ya olvidado. Y para muchos de sus vecinos, los herederos de la ganadería de Atanasio despuntan cómo unos precursores sagaces, por haberse adelantando, quizás, a la desaparición anunciada de todo el encaste que surgió de ella. A través de los recuerdos de varios de sus herederos, mayorales y vaqueros, pero también a través de la historia de Sepúlveda, Charro de Llen y Dolores Aguirre -la única de todas las ganaderías procedentes de Atanasio que goza hoy de una envidiable reputación-, este opus cuenta la historia gloriosa y triste del Mago de Campocerrado ; o sea, de la otra vertiente del encaste Tamarón.
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Atanasio Fernández, el mago de Campocerrado
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