TAL DÍA ESTA SEMANA… 24 DE FEBRERO DE 2008

César Rincón, adiós a veinticinco años de pasión, entrega y amor al toreo

Alfonso Ávila
lunes 20 de febrero de 2023
Sentimientos a flor de piel, dos indultos y una ciudad entregada en la última tarde de luces del maestro colombiano

Plaza Santamaría de Bogotá. Lleno de “No hay billetes”. Se lidiaron seis toros de Las Ventas del Espíritu Santo (propiedad de César Rincón), muy buenos en líneas generales y, por tanto, ovacionados, siendo indultados los extraordinarios segundo y tercero. César Rincón (oreja, dos orejas y rabo simbólicos y dos orejas) y Enrique Ponce (dos orejas y rabo simbólicos, oreja y ovación con saludos).

Si la tarde era histórica por ser la última corrida como matador de toros de César Rincón, tanto el maestro colombiano como Enrique Ponce se encargaron de engrandecerla mucho más con dos indultos a sendos toros de la ganadería de Las Ventas del Espíritu Santo. Triunfó el torero y triunfó el ganadero. Colombia despidió a su torero. ¡Adiós y gracias, maestro!

Según escribó Iván Parra para Aplausos: “Rincón cortó una oreja a su primero, un toro que tuvo mucha transmisión, fijeza y movilidad, y al que el colombiano le ejecutó una faena de trazos largos. Y llegó el indulto. Plebeyo, número 328. Un astado claro que conjugó nobleza y casta, y que posibilitó el triunfo de su criador y matador. Surgió el mejor Rincón, el del temple, el de las distancias, el de la garra, el del sentimiento… Rincón al rojo vivo. El que iba a ser el último toro de su carrera se rompió la mano pero el diestro regaló el sobrero, Chiflado, número 426, al que realizó una faena de calidad rubricada con una estocada recibiendo en todo lo alto”.

Del diestro de Chiva contó:”Enrique Ponce no quiso ser menos e indultó a su primero. Desaparecido, número 314, un toro bravo aunque no tan claro como el de Rincón. Con él se vislumbró el antecedente de cómo estará el de Chiva esta temporada: maduro, artista y contundente. La faena a su segundo fue muy importante debido al arrimón que se pegó ante un astado peligroso y que se quedaba corto. Pero no pudo rematar la tarde con su tercero que fue imposible”.

El adiós soñado. Se apagaron las luces y bajo la salve rociera abandonaba a hombros la Santamaría en olor de multitudes. Por la puerta grande pasaron veinticinco años de pasión, entrega y amor al toreo del maestro César Rincón. ¡César no te vayas!, gritaba la afición. Se nos fue una gran figura del toreo. Tras la corrida, ambos diestros relataban lo acontecido:

César Rincón: “Lo vuelvo a decir, gracias, gracias a todos. Mil gracias. Gracias también a Enrique por acompañarme y permitirme regalar este toro. No se puede explicar con palabras todos los sentimientos que recorren mi cuerpo. Gracias y hasta siempre”.

Enrique Ponce: “No todos los días se despide un torero como César Rincón. Él se merecía algo así y no hay más que ver a la gente cómo está. A pesar de que he indultado un toro, me hubiera gustado que los otros dos de mi lote hubieran ayudado más”.

En la misma plaza, donde aquel lejano 8 de diciembre de 1982 el maestro Antoñete le concediera la alternativa, César Rincón, el mejor diestro colombiano de todos los tiempos, cerró su brillante trayectoria en los ruedos veinticinco años después. Una carrera que tuvo su momento más álgido en la inolvidable temporada de 1991 con sus cuatro salidas consecutivas por la puerta grande de Las Ventas de Madrid.

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