El penúltimo domingo de julio saltó en Madrid una novillada excelente del hierro de Buenavista. Puro juampedro. Una novillada de Madrid. O sea, una “corridita” de toros, según jerga de taurinos. ¿Corridita? Una corrida de Valladolid, de Salamanca, de Badajoz, Jaén o Linares, y hasta de Albacete. O de Nimes. El cuajo propio del toro de sangre Parladé, que abulta por regla general bastante más que el de Santa Coloma o el de Saltillo. Tres clamorosas virtudes en ese envío de Buenavista. Tan propias las tres como el propio cuajo: fijeza, movilidad, nobleza.
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Corriditas y corridones
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