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Curro Díaz, resurrectus est

Que un torero de esa dimensión esté ausente de Fallas, de la Feria de Abril de Sevilla y del San Isidro madrileño, es la prueba del nueve de que también las empresas tienen muchas asignaturas pendientes. De que a los empresarios el toreo les importa una higa.

En este rincón no somos dudosos. Hace mucho que venimos pregonando en el desierto de la incomprensión que Curro Díaz es un torero injustamente postergado y maltratado por las empresas. Y que un torero de esa dimensión esté ausente de Fallas, de la Feria de Abril de Sevilla y del San Isidro madrileño, es la prueba del nueve de que también las empresas tienen muchas asignaturas pendientes. De que a los empresarios el toreo les importa una higa. Porque el Curro Díaz que puso Las Ventas patas arriba el domingo 20 de Marzo, hace años que esta ahí. Y cuando un torero tiene las calidades que atesora el de Linares, condenarlo al paro es una infamia.

Y el suceso de Curro en la plaza madrileña, que todos estamos de acuerdo en que es la primera del mundo, no fue ante el torito de Villatempujo de Arriba sino ante dos toros con mucho trapío y más barbas que San Antón -¡vaya leños que lucían los mozos!- y en presencia de la mejor afición, porque en las corridas previas al Santo Labrador acuden a Las Ventas los aficionados de verdad, esos que cuando llegan las cinco de la tarde si no están sentados en el torerísimo cemento de los tendidos de la Universidad Central del toreo les sale urticaria. Y ese público explotó en largos y rotundos olés ante el arte del linarense, y le dio carácter multitudinario a su salida en hombros. Nada de los costaleros ni del par de niños de turno. A Curro Díaz lo sacó en hombros la afición fetén de Madrid, entusiasmada porque había visto torear con un arte, una profundidad y un poso fuera de lo común.

Tenía que pasar. Torero tan importante no podía quedar diluido en el tiempo, por la ceguera y en la incomprensión de las pocas empresas que mandan en el toreo, que cierran las puertas a los que valen de verdad para intercambiar sus cromos de pitiminí. ¿Que el toreo grande se va al carajo? A ellos qué más les da, si tienen la industria montada de tal manera que son los únicos que no pierden nunca. Curro Díaz ha subido al ultimo vagón cuando hace mucho que debería viajar en el primero, y eso es bueno, sobre todo porque él se lo merece, pero también para que los reyezuelos del espectáculo se den cuenta de que están matando la gallina de los huevos de oro, arrumbando grandiosos toreros para encumbrar medianías.

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Curro Díaz, resurrectus est

Paco Mora

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