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Foto: Javier ArroyoFoto: Javier Arroyo

De nostalgias y legados

Pedro Toledano
lunes 18 de mayo de 2026
Curro Vázquez ha dejado un legado tan ejemplar, tan ético, tan de hombre responsable que debería servir como materia de estudio tanto para quienes emprendan la aventura del toreo como para aquellos otros que sientan la llamada del apoderamiento
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La nostalgia cuando va acompañada de legados imperecederos deja de ser nostalgia para convertirse en gozo y orgullo presente. Ejemplo de ello es el reconocimiento que el pasado viernes se le tributó al maestro Curro Vázquez "estandarte de torería y clasicismo", así reza la leyenda de la cerámica que se le ha dedicado en la galería de espadas distinguidos en la plaza de Las Ventas. Lejos de anunciar un merecido homenaje a su trayectoria, lo que viene a decirnos -así lo entiendo desde el conocimiento cercano que tengo de la persona-, es que con su templado magisterio, demostrado frente al toro y después en los despachos, al ejercer como apoderado, ha dejado un legado tan ejemplar, tan ético, tan de hombre responsable que debería servir como materia de estudio tanto para quienes emprendan la aventura del toreo, como para aquellos otros que sientan la llamada del apoderamiento.

Como torero se esforzó en ser fiel a un concepto en el que predominaba la estética que emana de la ortodoxia más sentida y pasional, lo que no siempre le facilitaba el camino hacia la meta soñada, ser reconocido como el torero cabal que ha llegado a ser. Como apoderado, tarea a la que llegó sin otra pretensión que la de ayudar a quien para él era más que un aspirante a torero, un muy querido familiar, Cayetano Rivera, tampoco se apartó de su línea de clarividencia y honradez. Me apresuro a dejar claro que el apoderado Curro Vázquez se encontró con un personaje excepcional que atesoraba/aunaba cualidades poco comunes, como una gran expresión artística, mucho valor, orgullo de estirpe y eso tan caro de encontrar como es la personalidad. Faltaba dotarlo de técnica sin lastrar sus otras virtudes y en ese territorio el rubio de Linares lo bordó.

Esa fue una lección profesional que siempre ha presidido sus actos. Ahora, ya retirado Cayetano, podía haber apoderado a otra figura y ha preferido apostar por el novillero mejicano Emiliano Osornio, porque es conocedor de la mucha falta que hace que México tenga una figura con personalidad y este Emiliano la tiene. Con todo y con ello, ha sido la lección de cara torería y señorial templanza que brindó en el ya histórico festival del día de la Hispanidad de 2025, la que hizo que se desbordara el caudal de afectos que la afición tenía guardados a una figura que lo ha sido desde el amor a su profesión.

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