Soy cojo, pero me ilusiona correr el encierro, así que me vine con una amiga francesa y ella me dijo: ponte ahí, pero ni se te ocurra moverte. Y le dije, si no me muevo para qué he venido. Se enfadó y ligó con Jean, un ex jugador de rugby. Soy cojo. Pero si no me muevo ni se nota. Perdón, me centro en la narración. Nada, que me fui a Pamplona a correr, me hacía ilusión, y nada más llegar, me cornean. Porque que te pongan los cuernos es como una cornada. Encima, por unas cosas y por otras, pues que no he podido correr un encierro.
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Diario de un corredor cojo
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