Uno escucha a alcaldesas como Gema Igual, del PP, desde Santander y te llenas de esperanza. Así se respeta a los ciudadanos, te dices, así aprovecha una ciudad los recursos y los efectos de la Tauromaquia. Ves lo que hace Toni Gaspar, del PSOE y ahora presidente de la Diputación de Valencia, y más de lo mismo. El segundo día de mandato tuvo tiempo para asistir a una charla taurina en un ejercicio de máximo respeto a los aficionados que no somos pocos. E incluyo en el grupo de los reconocimientos a la vice Carmen Calvo, tan taurina, y al ministro Ábalos, y hasta valoro la marcha atrás del ministro de Cultura en un ejercicio de responsable asepsia la mar de meritorio. Y con los guiños del nuevo líder del PP, Pablo Casado, ese capote en el despacho, pasa lo mismo. Ilusiona. Y no me apetece quitarle carga de ilusión a las imágenes de Albert Rivera saliendo en hombros de la Monumental de Barcelona por mucho que ahora mosquee su equidistancia. Lo traigo a colación por la recalcitrante postura de otros tantos, entre ellos el alcalde de mi Valencia, al que por cierto se le ha ganado la batalla del toro de fuego en las pedanías de la ciudad. Que puede parecer una insignificancia pero ilusiona lo suyo. Demuestra que esta guerra se puede ganar. Por cierto, sin pisar el callo a nadie. Es la diferencia entre la honorabilidad y el sectarismo, entre la razón y el ricino del que tanto oyeron hablar.
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Diferencia entre honorabilidad y sectarismo
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