Oficiar de profeta en lo taurino es muy arriesgado porque el toreo es un arte tan lábil que en cinco minutos, ¡qué digo, en un segundo! se puede venir abajo la Torre de Babel mejor cimentada y construida. Una vez vi a un novillero valenciano en un espectáculo sin picadores en la localidad de Calasparra y me entusiasmó tanto la facilidad, desahogo y buena técnica con que el muchacho se desenvolvía con los dos novillotes, que eché las campanas al vuelo y dije algo así como que “comenzaba por donde estaba terminando Enrique Ponce”. El tiempo, y no mucho, se encargó de hacerme ver la magnífica oportunidad de callarme que había perdido.
Lea AQUÍ el artículo completo en su Revista APLAUSOS Nº 2138
Lea AQUÍ el artículo completo en su Revista APLAUSOS Nº 2138 para iPad
Lea AQUÍ el artículo completo en su Revista APLAUSOS Nº 2138 para Android
Acceda a la versión completa del contenido
El gato escaldado...
El valenciano ha sido uno de los nombres propios de la recién terminada temporada 2026…
Solo Perú vive un estado de euforia y crecimiento bajo los efectos de Roca Rey
Isabel Donet glosó la figura de su amigo y compañero tantos años, y director de…
El diestro castellonense anuncia que vuelve a torear siete años después de cortarse la coleta…
La Unión de Abonados de Madrid rinde un emotivo homenaje al torero gaditano en la…
Según informa El Mundo, el programa electoral de los populares incluye la restitución del galardón…