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El indulto es algo serio

Hay que fomentar la afición a la Fiesta de los pueblos españoles donde se celebra el rito taúrico, pero sin convertirlo en caricatura. Los pañuelos de una minoría enfervorizada no es suficiente razón para que un presidente saque el pañuelo color naranja.

El toro Perejil de Alcurrucén ha sido indultado esta tarde en Villamayor de Santiago (Cuenca). Primera providencia: en plazas de tercera no está previsto el indulto. Segunda providencia: por la misma regla de tres se podrían haber indultado un par de toros más de los hermanos Lozano lidiados por Padilla (que ha estado hecho un tío con el indultado y con el otro), El Cid (cumbre con su primero y muy bien con su segundo) y Víctor Puerto, que se ha peleado como un tejón con los dos más difíciles.

Corrida de chundarata en la que lo único serio han sido los matadores, sus cuadrillas y los toros. Hay que fomentar la afición a la Fiesta de los pueblos españoles donde se celebra el rito taúrico, pero sin convertirlo en caricatura. Los pañuelos de una minoría enfervorizada por la emoción de ver embestir a un toro a la muleta de un torero, no es suficiente razón para que un presidente saque el pañuelo color naranja.

Porque Perejil que (¡ojo!) ha sido un buen toro, como la mayoría de sus hermanos de hierro, no reunía las condiciones necesarias que le hicieran acreedor a regresar a la ganadería para padrear. Apostaría doble contra sencillo a que los Lozano, que saben de esto más que la paloma azul, piensan lo mismo. Indultar un toro son palabras mayores. Hay que aplaudir a los toros que colaboran a engrandecer el toreo e incluso obligar con esos aplausos a que se les de la vuelta al ruedo, pero el indulto es un reconstituyente para la ganadería de bravo que hay que administrar con cuentagotas. ¿Qué se gana con devolver al campo un toro que sólo será un incordio para el ganadero?

La autoridad debió poner más atención a que los empleados de la plaza pusieran el ruedo en condiciones, cosa que tuvo que hacer la cuadrilla de Padilla, ante la renuencia de los responsables de tal cometido. También el arrastre de los toros forma parte de la organización del espectáculo, y no se puede prolongar in secula seculorum con lo tirones de un caballito tan poco voluntarioso como los citados empleados. Así duró la corrida más de tres horas. Una verdadera historia interminable. Uno temía oír cantar villancicos al salir a la calle.

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El indulto es algo serio

Paco Mora

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Paco Mora

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