BENLLOCH EN LAS PROVINCIAS
La eterna torería, el ordeno y mando de Morante en el trincherazo.La eterna torería, el ordeno y mando de Morante en el trincherazo.

El riesgo de convertir lo extraordinario en ordinario

José Luis Benlloch
lunes 17 de agosto de 2026
Tan seguidos son los triunfos de Morante de la Puebla que ni siquiera da opción a disfrutar del anterior
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Si escribiese que Morante está toreando en exceso o que está triunfando con una frecuencia impropia en los de su género y no estoy seguro de que muy conveniente, seguramente me tildarían de loco. Pepe Luis ha fumado algo raro, podrían decir con cierta razón. Los primeros, los empresarios, que andan en cola para suscribirle contratos dada su condición de salvaferias en un momento en el que hacía más falta que nunca un tipo así para sanearles la economía y para comprobar, más allá de los despachos, que el toreo no tiene límites, ni artísticos ni como aglutinador social, todos son de Morante, los de unos y los de otros, solo es cuestión de dar con el genio. Claro que para ello debe ser un artista, como en su caso, que abra las fronteras de la creatividad como nunca antes se vio, que funda pasado y futuro, y que además derribe las fronteras del edadismo, que demuestre que ni siquiera en el toreo el triunfo es solo cosa de los más jóvenes, que eso de la caducidad puede llegar a ser una entelequia. Todo lo cual no solo sirve para salvar las arcas de la clase empresarial, también para asegurar el futuro del propio toreo, porque ya se sabe, no me canso de repetirlo, que cada lleno es un tapabocas de los que pregonan decadencia, un desmontaje de ese argumentario anti y blandengue de los que apuestan por el buenismo de asfalto y chiringuito, el de las paguitas, que les permite, entre otros a Urtasun, ganar titulares y pervivir en una falsa progresía, si no de qué, qué otra boutade podría ocurrírseles para seguir medrando.

Tampoco creo que la recomendación de torear menos guste a los aficionados. Todos quieren verle. Tampoco que consideren que una menor frecuencia en el éxito sea cosa buena y desde luego no estoy nada seguro de que lo aceptasen. A él no parece importarle y lo mantiene. Pero esa fidelidad con el triunfo tiene su aquel. El riesgo es convertir lo extraordinario en ordinario y que se devalúe su importancia, de tal manera que si una tarde no comparece a su máximo nivel, que por cierto todavía no se sabe cuál es, la afición (parte) fuerce el gesto, surja la maledicencia y apunten aquello de que se le está acabando el fuelle, cuando en realidad no se recuerda a torero alguno de ninguna época que bajo el halo de la inspiración artística aguante la continuidad y la frecuencia en el éxito que está logrando el de La Puebla. Tan seguidos son sus triunfos que ni siquiera da opción a disfrutar del triunfo anterior. Qué necesidad tiene de agobiarnos con tanto éxito, con tanta ocurrencia, que si el farol, que si la tijerilla, que esto va de girar sobre los talones, que quién dijo que el toro no tenía faena, que ahí se queda usted que la huida también es torear… oiga, déjenos paladear el anterior. El ejemplo de las consecuencias del exceso lo hemos visto en El Puerto, dos tardes desbordantes y dos no tanto y más de uno ya se ha atufado. Sé que no es fácil el corte entre lo necesario y la sobreproducción, pero no medirlo puede tener sus consecuencias. Me viene a la mente las críticas a José Tomás por todo lo contrario.

La gestualidad del clásico: el miedo, el puro, la espera…

Estoy seguro que los genios, y Morante lo es, pueden lograr ese milagro de estar increíblemente bien, muy bien o simplemente bien de manera muy seguida como ha ocurrido en El Puerto, pero no estoy tan seguro, en realidad nada seguro, de que esta sociedad consumista pueda aceptar a no mucho tardar que esa misma secuencia, ese tránsito de lo extraordinario a lo terrenal, parezca suficiente. Si hasta Joselito el Gallo, que fue su fuente de inspiración y siempre se dijo que el más grande, tuvo que escapar de Madrid e irse un maldito día a Talavera huyendo de tanta exigencia. Todo lo cual me hace que me pregunte qué necesidad tendrá este Morante de torear tanto y tan seguido, tan bien y tan inspirado. A poco que insista por ese camino va a devaluar su propia gloria. Y fastidiaría que fuese víctima de su éxito. No sería justo.

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