Se acabó el año de la crisis en la vieja piel de toro; y la torería busca ahora el bálsamo invernal de la tauromaquia americana. Otro toro, otro ambiente, una afición que se merece habitualmente más de lo que le dan, un público que está dispuesto a la colaboración y al esfuerzo; y plazas, eso sí, con una sensibilidad importante. Es el caso de Lima o de Bogotá frente al esperpento en que nos han dejado el querido Quito, junto a la voluptuosidad de la México, el tono amable de Venezuela o la seriedad, no bien ponderada, de la Guadalajara azteca.
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