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El toreo agoniza en México

El público mexicano no ha desertado; es que lo han echado empresas como la que hoy rige los destinos del Embudo de Insurgentes. Tomen nota las empresas españolas y trabajen los carteles pensando en los públicos.

La plaza Monumental de México fue el pasado domingo la viva imagen de la desolación y la decadencia de la Fiesta Brava. Y la evidencia de quiénes son los responsables del agónico momento que vive la Tauromaquia en el país azteca. La empresa acarteló a tres toreros, muy respetables pero que hoy por hoy ni están ni se les espera en los programas capaces de atraer público a las taquillas.

Unos mil espectadores, que a vista de pájaro daban la impresión de un puñado de hormigas diseminadas por el tauródromo de mayor aforo del universo taurino (50.000 entradas), fueron las víctimas indefensas de quienes no buscan en la Fiesta más que la ganancia fácil, sin proyecto de futuro ni respeto alguno para el aficionado. Y el caso es que esos toreros también merecen torear, pero alternando con figuras y ganaderías que ejerzan atractivo suficiente para mover a la buena afición mexicana.

En algunos de los primeros carteles de la Temporada Grande, pese a la escasa idoneidad de la mayor parte del ganado lidiado, se metieron en Insurgentes 25 y 30.000 espectadores. Morante, Padilla, Perera, Talavante, Saldívar, Silveti, Macías, el joven Armillita y otros toreros mexicanos, despertaron interés y se notó en el aforo de la plaza. Y es que los carteles deben ser elaborados pensando en las preferencias del público y no sólo en los intereses de los empresarios, que poniendo a tres coletudos que no pueden exigir, dado que los costos son mínimos, se llevan un dinerito seguro. Aunque la Fiesta se desangre poco a poco y acabe siendo refugio de resistentes y minorías despistadas.

Una plaza que en tiempos más difíciles que los actuales se llenaba hasta la bandera con Manolete, Pepe Luis, Manolo González, Arruza, Silverio, Rivera, Garza y Balderas, más tarde con Capetillo, Silveti, El Ranchero, Procuna, Córdoba, Velázquez y anteayer mismo con Manolo Martínez, Camino, Carvajal, Del Olivar, Gutiérrez, Miguel Armillita, Mariano Rodríguez y tantos otros, amén de un público agradecido por poco que se le cuide, no merecen el ignominioso tratamiento de que se les está haciendo objeto.

El público mexicano no ha desertado; es que lo han echado empresas como la que hoy rige los destinos del Embudo de Insurgentes. Tomen nota las empresas españolas y trabajen los carteles pensando en los públicos, porque si por mor de la crisis nos “mejicanizamos” estaremos cavando la fosa del toreo como espectáculo de masas.

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El toreo agoniza en México

Paco Mora

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