Cuando dos toreros como Juli y Perera no han podido evitar el tedio de la decepcionante tarde, no hay otro remedio que volver los ojos hacia la urgencia de que la ganadería brava se esfuerce al máximo para recuperar cuanto antes la casta del toro de lidia.
Cuando con siete toros, seis de una ganadería de moda como la de Victoriano del Río y un sobrero de Montalvo, no se da ni una vuelta al ruedo en la corrida de Beneficencia –que siempre fue la más importante del año en Madrid- algo esencial está fallando en la ganadería brava española. Porque el cartel era de lujo; El Juli, que, quieran o no sus detractores -que los tiene-, es el gran caporal de la Fiesta en estos momentos y Perera, no sólo el triunfador del San Isidro de 2014 con cinco orejas en el esportón, sino un torero de una regularidad apabullante durante los últimos años. Cuando dos toreros así no han podido evitar el tedio de la decepcionante tarde, no hay otro remedio que volver los ojos hacia la urgencia de que la ganadería brava se esfuerce al máximo para recuperar cuanto antes la casta del toro de lidia. Máxime cuando hasta en hierros acreditados como el de Victoriano del Río se observa un tono tan bajo.
Sólo un toro bravo y encastado, pero con su incómodo puntito de genio, ha hecho acto de presencia en la arena venteña. Tanto el de San Blas como el de Puebla del Prior han estado en su son. Julián con una depurada colocación y un notable grado de pureza en su toreo rotundo y de manos bajas, que ya venía apuntando desde la feria de Cuenca del pasado año, y que tuvo su punto culminante primero en el festival de Albacete celebrado con Motivo del Congreso Taurino, y después en Las Fallas de Valencia, ha estado toda la tarde a la altura de su categoría de figura máxima indiscutible, dentro de las escasísimas posibilidades que le han ofrecido los “victorianos”.
Perera lo ha intentado todo y en todos los terrenos, en su afán de mostrar al público madrileño su dimensión de muletero recio de notables calidades y profundo trazo. Pero los esfuerzos de los dos toreros se han estrellado contra el muro infranqueable de la falta de casta ribeteada de mansedumbre de los toros que les han tocado en desgracia. El grupito de reventadores que se ha adueñado de la opinión de Las Ventas, ha prodigado durante toda la tarde sus pititos y sus voces extemporáneas, en un alarde de incomprensión ante los esfuerzos de los dos toreros por acreditar su categoría ante un material imposible. Eso sí, sin que la inmensa mayoría del público fuera capaz de acallar su insistente aunque minoritaria protesta.
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El toro es el problema
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