Espigar entre los carteles anunciados para el recién cumplido domingo 25 de agosto fue un placer para el aficionado curioso. Lo primero, Bilbao, donde Antonio Ferrera estaba para matar su tercera corrida de Victorino en el plazo de tan solo quince días. Gijón, Málaga. Bilbao. Con una cornada bastante seria por medio pero con la fe del carbonero. La fe que colma de fuerza y todo lo cura. Con los puntos de la cornada de Gijón salió Ferrera a torear en Málaga el martes de feria -20 de agosto- y a repetir mano a mano con Castaño. Y a repetir triunfo, machada. A ser de nuevo héroe de hazaña.
El mismo cartel de Gijón, que, según narradores testigos, fue un homenaje a la épica del toreo. Solo que había en la plaza muy poca gente. Entre tanto mano a mano que como fuego fatuo ha venido repitiéndose esta temporada atendiendo a no se sabe qué competencia, los que se idearon dentro del circuito torista tuvieron siquiera un sentido de fondo: el toro de guerra. Otro aliento.
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