Hay reconocimientos que trascienden al protocolo y adquieren un significado especial para quienes, de una u otra manera, han compartido parte del camino con la persona distinguida. El nombramiento de Pepe Luis Benlloch como Valenciano para el Siglo XXI por el diario Las Provincias es uno de estos casos.
Con Pepe Luis he compartido tribuna en distintas etapas desde que comenzó su andadura como periodista taurino. Han sido años en los que nuestras trayectorias profesionales han discurrido, con diferentes responsabilidades y desde perspectivas no siempre coincidentes en ese espacio común que representa el periodismo y, muy especialmente, la pasión por la fiesta de los toros.
Compartir afinidades con alguien durante tantos años permite conocer no solo al profesional, sino también a la persona. Y ahí está, quizá, la verdadera razón por la que este nombramiento me produce especial satisfacción. Porque detrás de la firma hay muchos desvelos: conversaciones, discrepancias, anécdotas y esa complicidad que nace entre quienes comparten una misma afición/pasión.
Las Provincias ha distinguido con su iniciativa a personas que, desde diferentes ámbitos, han contribuido a proyectar el nombre y la realidad de nuestra tierra. Que Pepe Luis forme parte de esa nómina supone reconocer también una dedicación continuada a una de las manifestaciones más arraigadas de la cultura valenciana. Este reconocimiento no solo premia una carrera brillante, sino que reivindica el papel del periodismo especializado y la cultura taurina como pilar identitario de nuestra tierra.
Los toros, además de espectáculo son memoria, tradición, controversia, arte y patrimonio sentimental para muchas generaciones. Escribir sobre ellos exige algo más que conocimiento técnico. Exige comprender un mundo complejo, escuchar sus voces y contradicciones y, sobre todo, saber transmitir al lector aquello que ocurre en una plaza. En este apartado hay que reconocerle su capacidad para descifrar el misterio del toro y traducir la verdad de la Fiesta con una pluma tan afilada como respetuosa.
Por eso, al margen de cualquier etiqueta y de cualquier ceremonia, me alegra especialmente este reconocimiento. Enhorabuena, amigo.



