El Quiebro

Encastes y comportamientos

Ramón Bellver 'El Blanco'
viernes 22 de noviembre de 2013

Siguiendo la retransmisión de un encierro de San Sebastián de los Reyes escuché decir que se había hecho un estudio sobre el comportamiento de los diversos…

Siguiendo la retransmisión de un encierro de San Sebastián de los Reyes escuché decir que se había hecho un estudio sobre el comportamiento de los diversos encastes durante la carrera del encierro. Al momento pensé si sería posible trasladarlo al mundo del Bous al Carrer. Algo complicado, ya que en un encierro aunque varíen ciertos tramos del recorrido, el principio y el final siempre son los mismos. Unos corrales, un trayecto por las calles y un final en una plaza o similar. Y los factores externos que influyen en la lidia de un toro en un pueblo o en otro en los Bous al Carrer son muy distintos y evidentes. Pero sí que es verdad que después de varios años de experiencia se observa, salvo la excepción que confirma la regla, que los encastes difieren mucho entre sí a la hora de comportarse en las calles. En un artículo tan minúsculo como éste sería imposible poder demostrar con una base matemática o con algunos gráficos las evidencias que voy a exponer. Pero con la experiencia acumulada, y fijándome mucho en los toros, me atrevo a diferenciar varios comportamientos en la lidia o actuación de cada encaste.

Así pues, podemos ver que el encaste Santa Coloma no regala sus embestidas pero cuando sale su bravura a relucir viene acompañada de empuje y nobleza. Sin permitir fallo alguno. El Saltillo, se muestra más reservón y agarrado al piso, pero si dice de ir, va hasta el final. El de Domecq, mucho más caliente de salida, puede que sea el ideal, por su movilidad, nobleza y entrega, aunque se agotan más pronto. Se prestan más al lucimiento, y ello provoca que muchos se aprovechen para abusar de ellos. Dentro de la rama Domecq, me gustaría puntualizar a la vertiente de Guateles, explosivos en sus embestidas y con un fondo de casta importante. Los Contreras suelen cumplir con su cometido sin desagradar a nadie, teniendo más virtudes que defectos. Gamero Cívico casi siempre es decepcionante, así como Miura, Veragua y Pablo Romero (no me gusta llamarles Partido de Resina), y me reitero, con las excepciones que confirman la regla. Atanasio-Lisardo y Núñez, fríos de salida, necesitarían una pica para calentarse, y como en la calle no existe, trotan sin fijeza hasta agotarse y muy pocas veces sacan el fondo de bravura que suelen tener. Urcola sale de estampida a todo lo que da y desarrolla sentido. Cuadri personifica la seriedad mejor que ningún otro, aunque en los últimos años se ha visto mayor nobleza en detrimento de la casta, y tal vez esa seriedad no llegue a los grados superlativos de épocas pasadas. Vega-villar no pasa su mejor momento, y eso se nota en las calles, sin embargo, hace poco más de diez años firmaban grandes actuaciones demostrando bravura y nobleza. Se podrían rescatar. Murube-Urquijo muestra boyantía y movilidad, muy apto para las calles. Pedrajas encastado y con sentido.

Este es un pequeño resumen de lo que se puede ver en los recintos de nuestros pueblos y de los encastes más predominantes. Muchas veces suelen hacer lo que en las plazas de toros en una corrida ordinaria. Me baso en lo observado por mi propia persona, por ello acepto cualquier discrepancia al respecto. Y con esto no pretendo ni sepultar ni adular a unos y a otros, que perfectamente puede salir un toro extraordinario de cualquier ganadería. Hay que tener en cuenta que los caracteres hereditarios de comportamiento se muestran en el individuo en un 30% y los factores externos que influyen en el comportamiento, que no dependen del ganadero ni del propio individuo (climatología, terreno, “rodamonas”, etc.) el 70% restante, como bien puntualiza Juan Pedro Domecq en su libro “Del toreo a la bravura” y perfectamente aplicable al comportamiento del toro en las calles.

Faltarían muchas otras características, pero así por lo menos el aficionado se entretiene en juzgar a los toros según su procedencia y ser más cauto al decir si un animal es bravo o no en las calles, que eso son palabras mayores. Hay que saber ver lo que se mira.

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