Una estruendosa ovación dio la bienvenida a su majestad el rey Felipe VI cuando ocupó una barrera del tendido 9 acompañado de Victorino Martín y de María Rey, presidenta de la Asociación de la Prensa de Madrid.
Al primero de Juan Pedro Domecq le faltó cuello, como hecho cuesta arriba. Arrolló por el pitón izquierdo en el saludo de Bruno Aloi. El mexicano hizo un firme quite por saltilleras. Tras la ceremonia de confirmación brindó a Felipe VI la faena como ordena el protocolo. En la muleta resultó un toro soso, sin acometividad aunque noble. Aloi logró muletazos estimables de dentro de un conjunto discreto. Estocada baja tras varios pinchazos.
El segundo de la tarde fue un toro precioso, con la cara acodada. Con el trapío de los cinco años. De buena expresión. Diego Urdiales se salió hasta la boca de riego pegándole lances, algunos de ellos de un temple exquisito. La media de remate tuvo arrebato. Hizo otro buen quite a la verónica antes de un quite de declaración de intenciones por parte de Roca Rey: muy quieto, pasándose la embestida por la espalda rememorando a Miguelín. En la faena de muleta resultó un toro con profundidad. Diego Urdiales insistió en el pitón derecho, firmó muletazos muy buenos, de uno en uno. También naturales con torería, sin crispación. Gran estocada. Oreja.
El tercero de la tarde fue un toro de bonita cara pero largo y hondo. No lo hizo mal en los delantales del saludo de Roca Rey. De vértigo fue el quite por gaoneras, con la plaza en silencio absoluto. Igual de quieto se quedó en el inicio por estatuarios. En la muleta fue un toro que tuvo mejor embroque que final, no se empleó de verdad nunca. El compromiso del peruano estuvo por encima de todo. Faena de poder y de capacidad. De las que pasan desapercibidas pero tienen mucho mérito. Gran estocada.
El cuarto fue un toro de mucha cara, fuerte, ancho de sienes. Otro cinqueño. Descolgó ante la suave propuesta de Diego Urdiales que lo lanceó a placer. En el quite hubo dos verónicas al ralentí y una media absolutamente cumbre. Brindó al público una faena en la que empezó rodilla en tierra y ya recuperada la vertical firmó una trincherilla extraordinaria. El torero riojano desplegó todo su clasicismo, especialmente en la primera serie sobre el pitón derecho. Erguido, sin brusquedad y con importante naturalidad. Toro pronto, con clase, movilidad. Le faltó fondo para aguantar más muletazos embistiendo de esa manera en la muleta de Urdiales. El riojano finalizó doblándose con el toro a dos manos. Gran estocada. Oreja.
El quinto fue un toro castaño en chorreado con mucha cara pero muy buena expresión. De magníficas hechuras. Roca Rey quiso torearlo con el capote pero de verdad hubo acople a la verónica en el quite. Bruno Aloi quitó por caleserinas. La faena de Roca Rey, brindada al público, fue de auténtica figura del toreo. Empezó de rodillas, pasándose la embestida por la espalda. Siguió ahondando en el mejor pitón del toro, el derecho. Embestidas con mucha categoría y series de varios muletazos tan ceñidos como ligados. Por el izquierdo fue un toro más exigente, que no regalaba nada. Roca Rey se puso del mismo modo que por el derecho, sacando muletazos meritorios. La traca final llegó en las dos últimas series. Ceñido, sin dejar pensar al toro, llevando la embestida por bajo. Pinchazo, estocada. Oreja tras aviso.
Cerró la tarde un toro más simplón. Algo despegado del piso. Toro sin ritmo ni transmisión aunque con obediencia. Bruno Aloi quiso agradar en una actuación que quedó algo anodina. Pinchazo y estocada.
Madrid. Jueves 28 de mayo de 2026. Corrida de la Prensa. Toros de Juan Pedro Domecq, bravos cuarto y quinto. Con ritmo el segundo; de poco empuje primero y tercero y noble y a menos el sexto. Diego Urdiales, oreja y oreja; Roca Rey, silencio y oreja tras aviso; y Bruno Aloi, que confirmó alternativa, silencio y silencio tras aviso. Entrada: Lleno de "No hay billetes".
