Fernando Franco, albaceteño, torero de plata y padre de toreros nos ha dejado en el comienzo de esta fría y triste semana de invierno. Su humor especial le ha acompañado hasta el último instante de su vida...
Fernando Franco, albaceteño, torero de plata y padre de toreros nos ha dejado en el comienzo de esta fría y triste semana de invierno. Su humor especial le ha acompañado hasta el último instante de su vida. Solía decir con el acento solemne del humor de calidad que sobrevivir con dos apellidos como los suyos era una hazaña. Con ese humor trataba de disimular la pena tan grande que le roía el alma desde que un grupo de asesinos le quitaron la vida a su hijo mayor, a aquel novillero que en los carteles se anunciaba como “El Loren”. No obstante, le echó cuajo a la vida disimulando todo lo que pudo su dolor, para ayudar a sobrellevarlo a su esposa Carmen y a los demás hijos del matrimonio. Pero la verdad es que desde aquel aciago día Fernando ya nunca volvió a ser el mismo. Era un pura casta y como un hombre de una pieza se comportó hasta el último día. Se ha ido en silencio, pero dejando un gran vacío entre quienes nos considerábamos sus amigos.
Yo aprendí a apreciarlo porque como padre de familia comprendía muy bien su angustia, que sólo se adivinaba en su mirada triste y en su ademán resignado ante lo inevitable. Ya no lo veremos aparecer más por el Topaz con su sonrisa bondadosa y el último chiste entre los labios, pero para quienes lo tratamos nunca se habrá ido del todo.
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Fernando Franco Carrillo
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