Somos unos imbéciles. No somos capaces de transmitir a la sociedad que el ser humano más generoso, más ejemplar, más valiente, más solidario y menos egoísta es ese que se viste de luces. De oro, de plata, o de simple corazón torero. Hay que ser muy cabrón para poner a los toreros como ejemplo pernicioso para la sociedad, para esta sociedad tan injusta, tan estúpida, tan materialista y sobre todo, tan ignorante. El torero es un ejemplo de virtudes: valor, pasión, afición, preparación, capacidad para entregar lo más preciado, la salud, el dolor y hasta la vida. Capacidad para no rendirse, para volver como si nada hubiera pasado, volver con el corazón y el coraje templado, para volver a torear y decirle a la gente aquí estoy de nuevo, me llamo David Mora, me llamo Fortes, como hace años ya lo hizo Padilla en Olivenza. En la resurrección del alma y del cuerpo de los toreros. Sin acritud, sin culpables, sin excusas, en silencio, duro, ejemplar, van reconstruyendo al hombre y al torero para una tarde, como fue en Vistalegre, volver unidos por el drama y la gloria. Un tal David Mora y un tal Fortes.
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