Germán Vidal Segarra, fallecido este domingo 20 de septiembre de 2026, encarnaba la tercera generación de una saga que suma más de un siglo de historia viva del toro "del terreno". Santo y seña del bou al carrer, la divisa con origen en Cabanes y asentada en la emblemática finca El Cortijo -un reducto de cerca de 700 hectáreas- ha mantenido bajo su dirección el máximo estatus, albergando en la actualidad una cifra cercana a las 700 cabezas de ganado.
La ganadería comenzó sus pasos en 1914 de la mano de su tío-abuelo, Germán Vidal Amer, con las primeras compras al Dolçainer de Tales y posteriormente a Sapiña, consolidando tras la Guerra Civil una leyenda jalonada por toros históricos como Españoleto, Templao o Mijares. Tras la posterior etapa directiva de su padre, también Germán Vidal, la vacada consagró en los setenta a astados legendarios como Fundador, Luminoso o Caramelo, y a vacas míticas como Pesetera, Camarera o Golondrina, seguidos décadas después por referentes como Clavelino, Avión, Naranjito, Orgulloso o Limonero.
Germán Vidal Segarra supo rehacer la ganadería frente a los golpes más duros, como el zarpazo sanitario de 1999 que envió al matadero a casi el 70 % de la vacada. Apoyado en figuras clave como Fernando Machancoses, rehizo el hato acudiendo a Navarra sin perder jamás la esencia de la casa hasta consolidar un encaste propio caracterizado por la fortaleza y el comportamiento de sus animales.
Visionario y versátil como pocos, no solo abasteció de reses de corro a decenas de municipios simultáneamente cada verano -siendo fija su presencia en citas cumbre como la Entrada de Toros y Caballos de Segorbe-, sino que en 2001 diversificó su negocio convirtiéndose en un gran comercializador de toro cerril de las mejores ganaderías de España, además de un referente en la cría de bueyes para el encierro.
Adquirió también la ganadería de Manolo Beltrán con el fin de mantener una punta de vacas para la lidia. Su generosidad le hizo abrir las puertas de su ganadería para que muchos toreros tentaran en ella. En estos últimos años era habitual ver por allí a la Escuela Taurina de Castellón así como a matadores de toros como Serafín Marín o Morenito de Aranda.



