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Gran tarde de toreros

El gran mérito de Ponce, Urdiales y Talavante ha sido que han cortados tres trajes de mucha calidad con una tela que era viscosilla barata

Cinco y media de la tarde. Plaza de La Misericordia de Zaragoza convertida en Aula Magna del toreo. El bedel anuncia; “señor profesor, la hora”. Y el profesor Enrique Ponce se dispone a impartir su magisterio. Con dos sobreros el maestro de Chiva ha dado una lección sobresaliente “cum laude” sobre el arte de la tauromaquia. Sobre todo en su segundo, un toro sin apenas prestaciones, que además parecía en cada instante que iba a rodar por la arena, Ponce lo mantuvo en pie adaptándose a sus condiciones, con la muleta a media altura, hasta imponerle al morlaco las suyas. Y sus condiciones fueron las de la verticalidad, el temple y la armonía, con ese valor sordo que detectan solo los que se han puesto alguna vez delante de un toro bravo, para acabar bajándole la mano hasta crear arte con el descastado y ambiguo pupilo de Torrealta. Dudo que haya ahora mismo otro torero capaz de cortarle una oreja, entre el fervor popular, a un toro como el referido. Lo dicho tantas veces: Enrique I “El grande”. Tardará tiempo en nacer si es que nace otro igual o parecido.

Un acierto la sustitución del lesionado Finito por Diego Urdiales. Otro aldabonazo. Lo de menos es la oreja de su primero. Lo importante es que el de Arnedo ha cuajado en un torero que ejecuta el toreo con una gran naturalidad y le pega unos pellizcos de padre y muy señor mío al arte. ¿Por qué torea tan poco este torero? Deberían preguntárselo a sí mismas las empresas. En la respuesta encontraran también parte importante del porqué va tan poca gente a los toros en las mayoría de las plazas de España. Los toreros no son gladiadores, son artistas y como tales hay que tratarlos. Administrar plazas y ganaderías y apoderar toreros de manera simultánea no está prohibido por ley, pero con tanto trabajo seguramente los árboles les impiden ver el bosque a los que mandan actualmente en el toreo.

Y Talavante. Demonio de Talavante, que ya casi nos habíamos olvidado de que su mano izquierda, aun convaleciente, es la mejor del toreo actual. Hoy lo ha demostrado en Zaragoza, arrancándole con esa mano herida las dos orejas a un soso “Juanpedro” al que él le ha puesto la sal. Con el capote tampoco es manco. E improvisando merece tratamiento de “usía”. Y además posee una personalidad que lo hace diferente. Si el año que viene no es uno de los inevitables en las mejores ferias, que Dios se lo demande porque tener tiene con qué.

El gran mérito de Ponce, Urdiales y Talavante ha sido que han cortados tres trajes de mucha calidad con una tela que era viscosilla barata. Porque los de Juan Pedro y el de Torrealta que han saltado al ruedo de la Plaza Pignatelli esta tarde, habrían sido arrastrados al desolladero sin pena ni gloria de no ser por la dimensión de sus tres matadores.

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Paco Mora

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