Para soportar todo eso, superarlo y mostrarse siempre amable con todo el mundo, simpático y sonriente, hay que ser un gigante física y mentalmente
Después de haber hecho una sensacional temporada, acaba de someterse, el maestro Padilla, a la enésima intervención quirúrgica (varias este año) para eviscerarle el ojo totalmente afuncional, que le estaba dando serios problemas.
Juan José Padilla se ha ganado ya un lugar preeminente en la historia del Toreo y de España, como torero y como hombre.
Como torero se ganó, antes de lo de Zaragoza, el cartel de figura en el circuito de las llamadas corridas duras, y en esta temporada ha alternado con las figuras del primer circuito en todas las ferias, en los mejores carteles y ¿qué ha pasado? Pues sencillamente que ha salido prácticamente a triunfo por tarde, ha estado a la altura, por lo menos. El último gran triunfo ha sido abrir la puerta grande de la Monumental de Méjico. Podría admitirse que en las primeras corridas, tras la gran cornada, tenía los públicos muy a favor pero después se le ha exigido como a cualquiera, y él ha respondido con creces, demostrando que es un grandioso torero.
Como hombre resulta difícil encontrar las palabras justas para expresar la fortaleza física y mental de este ser y el terrible calvario, el enorme sufrimiento, que ha venido soportando. Intensísimos dolores que le obligaban a tomar altas dosis de analgésicos al terminar cada corrida, la pérdida de un ojo, gran déficit auditivo en el oído izquierdo, dificultades para masticar la comida, el verse cada vez que se pone ante el espejo la parálisis facial, que afortunadamente va mejorando, tener que acudir día a día al logopeda, además de realizar un rígido e intenso entrenamiento para estar permanentemente a tope. Les aseguro, y sé de lo que hablo, que para soportar todo eso, superarlo y mostrarse siempre amable con todo el mundo, simpático y sonriente, hay que ser un gigante física y mentalmente en circunstancias normales, pero es que sus circunstancias no son normales, pues ha de salir cada día a jugarse la vida ante los toros, porque Padilla no es de tirar las tres cartas nunca.
Conozco el mundo de la Medicina y de los pacientes, y afirmo que la inmensa mayoría de los mortales se hubiese derrumbado totalmente con la mitad del sufrimiento y sacrificio por el que Juan José ha pasado, pero él ha tirado para adelante sin pronunciar jamás una queja, ni un reproche hacia el toro, al contario dando gracias a Dios por vivir, tras haber estado tan cerca de la muerte, y va por la vida triunfante, como un gran héroe, con su cara marcada pero muy alta.
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Grande Padilla, muy grande
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