En el tramo final del M/M, maratón/Madrid, la pagó Miguel Abellán. Estar en celo trae esas cosas. Su independencia administrativa -¡vaya semana la de Manolo Martín!- la acompañó Miguel con sangre. Naturalmente es casualidad. Una cornada más aparatosa que grave. Nada para lo que puede pasar en una feria de esas dimensiones y con ese toro y con esas exigencias y con este mercado tan restringido en el que empiezan a no valer ni los triunfos. Si en treinta días de toros no pasa más de lo que pasó es la mejor demostración, como diría un castizo de que ¡hay Dios!, así que demos gracias. Por lo demás ha sido la feria de las figuras. Triunfaron las estrellas y lo que en principio sería lo lógico es una novedad en una plaza tan dada históricamente a zarandear a los grandes y ensalzar a los necesitados.
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