LA REVOLERA

Independencia de la prensa taurina

Paco Mora
lunes 04 de enero de 2021

El periodismo político no tiene buena prensa en la actualidad. Y por supuesto que goza de poco respeto entre la ciudadanía consumidora de periódicos de uno u otro signo, y en consecuencia sus tiradas sobreviven a un nivel más bajo que nunca, y solo los salva de la ruina total, y el cierre consiguiente, la subvención de los que a su través nos venden la burra un día sí y otro también. Otro gallo les cantaría a determinados medios sino fuera tan evidente su complicidad con los intereses del poder. ¿Para qué señalar a los entregados incondicionalmente a los partidos y grupos económicos y financieros que los mantienen a flote y a cuyo dictado trabajan? Los conoce todo el mundo, porque su actuación es más clara que el agua clara, teniendo en cuenta su turbiedad por supuesto. Con una información sojuzgada por quienes manejan el Presupuesto es muy difícil, sino imposible, que se impongan los valores de una democracia real en cualquier país.

Por el contrario, la prensa taurina, que es la que realmente nos importa en esta publicación, no solo no goza de ningún tipo de subvención sino que el poder político le pone todos los palos que puede en las ruedas. Nuestra orfandad con respecto a los poderes políticos y económicos es evidente e indiscutible. Nuestra salida a los kioscos es fruto de ímprobos esfuerzos y nuestro único éxito es, en todo caso, la supervivencia. Siendo como es profesionalmente, en estos tristes momentos, la prensa más limpia y democrática. En ella se distingue con absoluta claridad la publicidad de la opinión y la información sobre lo que ocurre en el ruedo. La prensa taurina carece de cualquier tipo de subvención o ayuda oficial, por lo que en estos días su supervivencia es puro heroísmo de obligado reconocimiento.

La prensa taurina carece de cualquier tipo de subvención o ayuda oficial, por lo que en estos días su supervivencia es puro heroísmo de obligado reconocimiento

También el periodismo taurino tuvo sus días oscuros y “sobrecogedores”, en un tiempo felizmente superado. Había periodistas que compraban páginas en los rotativos más importantes y hacían de la información y crítica del toreo un sucio negocio. No vale la pena mencionar nombres que están en la mente de todos, cuyo filibusterismo informativo se tradujo en una época en la que salían a las plazas los toros más capitidisminuidos de la historia de la tauromaquia. Los toros más insignificantes que nunca, y faltos de bravura y fuerza, rodaban por la arena y las broncas eran el pan nuestro de cada día. El toro dejó de ser el rey de la Fiesta y la escena de los mansos devolviendo aquellas alimañas a los corrales era habitual, incluso en las plazas de más categoría.

Podría contar muchas anécdotas de aquellos aciagos tiempos. Recuerdo que en Barcelona había un individuo al que le llamaban “Pepe el de la radio” que se encargaba de recoger los sobres de la terna de matadores que actuarían por la tarde en la Monumental o en Las Arenas, para distribuirlos entre los críticos taurinos de emisoras de radio y periódicos. Una mañana Joaquín “El tripas”, mozo de espadas de Manuel Amador padre, me pidió que le acompañara a entregarle los sobres de su torero al menda en cuestión, en un punto de reunión fijado en la Plaza de Palacio cerca del Hotel Comercio, donde se hospedaba buena parte de la torería andante. Cuando el radiofónico mangante abrió su sobre exclamó, “esto no es lo mío”, y el bueno de Joaquín, indignado, se lo arrebató de las manos y le espetó: “Tienes razón, esto no es tuyo, es de mi matador, que es el que lo ha sudado”. Le volvió la espalda al individuo y lo dejó plantado más corrido que una mona.

Hace muchos años que acabaron las despedidas de los más “insignes” críticos taurinos a los toreros en la zona internacional del aeropuerto de Madrid-Barajas, donde oí un día como uno de esos “escribas” con la mano tendida le decía a Pedrés: “Bueno, explícate “sobre” cómo quieres estar en América”. Repugnante, en efecto, pero eso era el pan nuestro de cada día y era verdad que si el matador no se “explicaba” a gusto de los junta letras, sus actuaciones poco eco encontrarían en la prensa española.

Pero, repito, eso pertenece casi a la prehistoria del toreo y hoy por hoy, y desde hace mucho, la prensa taurina es la más independiente que existe en el ámbito periodístico. Los toreros de hoy pueden hacerse páginas de publicidad previo pago de su importe, pero en modo alguno comprar la opinión de los críticos de la publicación correspondiente.

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