TAL DÍA ESTA SEMANA… 2 DE MAYO DE 1996

Inolvidable tarde de Joselito en la Goyesca, que cortó seis orejas y salió a hombros

Alfonso Ávila
sábado 02 de mayo de 2026
El torero madrileño firmó una de las páginas más importantes de la historia de Las Ventas al encerrarse con seis toros en la plaza madrileña y salir victorioso, no solo por los trofeos, también por la dimensión que ofreció

“Tarde histórica de Joselito en Las Ventas. Inolvidable. De esas que se harán legendarias con el tiempo, pero con una mitología real, realizada boca a boca, por los espectadores que vayan sobreviviendo a través de los años. Ha sido una actuación Inenarrable, extraordinaria, maravillosa, “enorme” como se dice en términos taurinos” comenzaba la crónica de nuestro compañero José Luis Suárez-Guanes en Aplausos sobre la tarde del 2 de mayo del 96 en Madrid.

“Una vez escribí en estas páginas que Joselito cuando cuaja un toro es el mejor torero de la actualidad. Esta vez no cuajó uno, sino cuatro, estuvo en su sitio en los otros dos, y provocó el rosario de las más continuadas ovaciones, con los olés más rotundos y las peticiones de orejas más unánimes desde hace mucho tiempo. Al grito de ¡torero!¡torero! traspasó la puerta grande madrileña por tercera vez en su vida”. Joselito ha sido más Joselito que nunca. Fue un torero total durante todo el tiempo que duró la lidia: clásico y templado en el toreo fundamental a la verónica, desempolvador de quites olvidados, en un repertorio inagotable, lidiador en todo momento, colocando admirablemente a cada uno de los toros en su sitio, con el capotazo justo. Y luego, muletero impresionante, artista sensible y siempre torero por excelencia. Exprimidor de embestidas hasta el máximo y pura filigrana en los adornos, después de realizar un toreo básico, de pleno fundamento, con desmayo, con temple, con armonía, con ese sentimiento que hay que poner en todo lo que se le hace en la vida, rompiéndose el alma.

Muy poderoso Joselito toda la tarde, se impuso prácticamente a la totalidad de los astados lidiados.

“Relajadísimo en su primero y con una lección de aguante al parársele el toro y quedar el espada inamovible en el sitio. Inventor de una faena inesperada en el tercero, consiguiendo la ligazón y la continuidad cuando empezó a sacar los pases a cuentagotas al principio de la faena, y sobre todo, a una altura más cerca del sueño que de la realidad en las mágicas, clásicas y renovadoras faenas al segundo y cuarto, que enloquecieron al graderío hasta grados sumos”. Y en todo momento el capote hechizante: verónicas, delantales, faroles, chicuelinas, largascambiadas, gaoneras, navarras, gregolinas, remates de caracolinas, gallosinas. Y seis toros, seis estocadas, para demostrar, de nuevo, porqué es el rey de espadas de la baraja taurina. Un triunfo de los que se recuerdan como aquellos de Antonio Bienvenida, Gregorio Sánchez y Paco Camino, en festejos similares.

Años después, Joselito en el portal AltoroMéxico.com recordaba aquella tarde: “Todo salió a pedir de boca, sí, pero hasta que no hice el paseíllo no las tenía todas conmigo. Todo se había puesto cuesta arriba. Para empezar, los veterinarios rechazaron todos los toros que habíamos elegido y hubo que cambiarlos a última hora por otros de ganaderías menos contrastadas.  Además, la tarde estaba lluviosa y con viento. Lo lógico era suspender, pero decidí tirar para adelante casi sin expectativas. Fue haciendo ya el paseíllo, cuando de repente dejó de llover, se paró el aire y un rayo de sol me dio en la cara. Me pareció como una señal del destino de que todo iba a salir bien. Parece de película, pero así pasó.”

Para el torero del madrileño barrio de La Guindalera “el momento clave fue la lidia del segundo toro, un sobrero de Cortijoliva al que le corté las dos orejas. No fue tanto por los trofeos, sino porque me impuse a su agresividad y acabé toreándole con mucha entrega y profundidad. Eso me dio la medida de mi ánimo y de mi disposición para el resto de la corrida”. Respecto a su variedad capotera: “Todos esos quites los había aprendido en la Escuela Taurina de Madrid. Y en una tarde como esa era mi obligación desempolvarlos, dependiendo de la condición del toro. En corridas de único espada, es muy importante no caer en la rutina para no aburrir al público”. Por eso también me preparé para ser variado con la muleta, y de hecho, cada faena la inicié y la terminé de distinta manera. Lo cierto es que me sentí muy inspirado en todo momento”.

Joselito estuvo variado con el capote ese histórico 2 de mayo en Las Ventas, desempolvó quites de todos los tiempos.

Sin embargo, a Joselito aún le queda clavada la espina de no haber cerrado aquella antológica tarde apostando más con el sexto toro, un violento manso de Cortijoliva, condenado a banderillas negras, y con el que abrevió. Precisamente de lo ocurrido en aquel toro se sinceraba con nuestro director José Luis Benlloch en una entrevista realizada a los diez años de aquella histórica tarde: “Aquel 2 de mayo pensé que podía cortar un rabo en Madrid. Cuando cogí la muleta lo estaba pensando, me decía con ocho o diez muletazos y una estocada le corto el rabo. Lo he pensado muchas veces, pues el toro al tercer muletazo pegaba unos saltos que se me montaba por encima y a mí me faltaron cojones para cerrar los ojos y decir vale, que pase por donde sea y que pase lo que pase”.

Lleno en Las Ventas para la Corrida Goyesca del 2 de Mayo en Madrid. Se lidiaron dos toros de El Torreón (primero y quinto), dos de Cortijoliva (segundo y sexto que salieron como sobreros), uno de Antonio Ordóñez (tercero) y uno de Las Ramblas (cuarto), siendo aplaudidos el primero, segundo y cuarto. José Miguel Arroyo “Joselito”, vestido con traje goyesco verde botella y oro, actuó como único espada (oreja, dos orejas, oreja, dos orejas, ovación y vuelta en hombros).

La prensa se hizo eco de aquella histórica encerrona: Javier Villán, crítico taurino del diario El Mundo, tituló su crónica “Joselito es el rey” y escribía: “No solo fue una tarde completa; fue un compendio de tauromaquia. Su hermosa imaginería con el capote; y su sentido del rito y la ceremonia. Y la matemática de los terrenos. Y un valor seco sin aspavientos ni gestualismos. Hoy por hoy, Joselito es el rey de la torería”. Joaquín Vidal, del diario El Mundo, titulaba su crónica “Apoteosis de Joselito” y escribía en ella: “¡Gran tarde de Joselito en Madrid! La mejor tarde de su carrera redondeó Joselito ante la afición de la primera plaza del mundo. Toreó como los ángeles en diversos pasajes de sus faenas, entró a quites en todos los toros desplegando un amplísimo repertorio que dejó anonadado al público; estuvo relajado y seguro, dominador y valiente, por encima del bien y el mal”. Por su parte, Carlos Ilián, titulaba en el diario Marca: “Joselito, rozó la perfección”.

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