El cierre de los carteles de la Feria de Julio de Valencia ha dado un frenazo en las últimas horas. Los planes iniciales han experimentado un retroceso hasta la misma casilla de salida, al punto que la empresa ha pedido a la Diputación de Valencia un aplazamiento de diez días para presentarlos en el registro de entrada tal y como manda el pliego de condiciones. Del esquema de la feria que recogíamos en estas mismas páginas solo quedaban estos últimos días el recuerdo en un intento de mejorar el nivel de las combinaciones y sobre todo de intentar convencer a los dos grandes ases de la baraja para que comparezcan en julio y no lo demoren hasta octubre. Así que todavía hay esperanzas de que la asolerada cita ferial de julio luzca galas acordes con sus viejos esplendores.
A las reticencias de las figuras a comparecer se añade la dificultad de encontrar toros en el campo que satisfagan los gustos de los primeros espadas y a la vez las exigencias de una plaza de primera. En esa teórica cuesta (dificultad de gestión) se antoja clave la capacidad de convencimiento que genera compartir dirección con la todopoderosa plaza de Madrid. Un apoyo de ida y vuelta sería justo y necesario. Otra cosa sería de difícil justificación.

