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La temporada huele a pan nuevo

José Luis Benlloch
domingo 20 de septiembre de 2026
De Miranda, Navalón, Marco, Aarón… mantienen el toreo en modo expectación
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Como cantasen la Lole y el Manuel, el aire huele a pan nuevo. Si lo interpretamos en clave taurina, la temporada anuncia la llegada de nuevos nombres. Pan nuevo, toreros jóvenes, la novedad como bandera, el toro de cinco y el torero de veinticinco, esa es/era la ley natural que, en los tiempos actuales, la condición física de los jóvenes y la maestría, también el toro y la medicina, permite prolongar en exceso en contra de las novedades. Este año, junto al bipartidismo de Morante (gloriosa excepción) y Roca, una brisa cada día más potente trae ese aroma de pan nuevo que tanto se añora. De Miranda, Samuel Navalón, Marco Pérez, Aarón Palacio, Víctor Hernández, Julio Norte… aspiran a la alternancia e ilusionan como hacía tiempo no sucedía. Y sabiendo que en el toreo las profecías están para incumplirse e incluso para escarnio de profetas, no descarten nombres sorpresas ni tapados. Y mientras el tiempo dicta sentencias definitivas, el toreo se despereza, ha llegado la mañana… así concluye el cante de la Lole, pues eso, en expectante (e ilusionada) espera anda la afición.

Seis nombres y un denominador común, la originalidad. Felizmente no se parecen entre ellos, que ya se sabe que la uniformidad en cualquier época ha sido un hándicap, un mal para el toreo que como todas las artes siempre necesitó y premió la originalidad. La llegada de las escuelas, necesarias en los tiempos actuales, y la proliferación de medios audiovisuales que permite a los chicos seguir a los ídolos del momento hasta la plaza más recóndita, da pie a que aún sin voluntad de imitarles se genere un seguidismo excesivo sin caer en la cuenta de que las segundas ediciones difícilmente son las mejores a la vez que ha generado perfiles artísticos muy similares que afortunadamente no se dan en el caso de ese sexteto.

De Miranda, derecho y firme como una espadaña.

De Miranda es torero especialmente impactante. Tiene en la verticalidad su perfil diferenciador. Un eje, un punto fijo, derecho como una espadaña él, y que gire el toro. Esa es la fórmula. Poco dado a la sonrisa, transpira valor. Condimento básico del toreo que en él se nota especialmente. Está cuajado artísticamente y sufrido en lo personal. Cornadas y pandemia frenaron su despegue y provocaron que tardase mucho en llegarle la recompensa.

NAVALÓN Y VALENCIA

Samuel Navalón no se queda atrás en términos del valor, más expresivo y más tierno que el onubense, hace del ataque y el convencimiento su arma clave, en lugar de esperar, va. Si la cuna crea carácter, que yo creo que sí, lo suyo está entre la firmeza albaceteña y la facilidad valenciana. No ha dado un paso atrás desde la alternativa ni le han regalado nada, más bien lo han contenido. Valencia y Navalón se necesitan, no lo deberían desaprovechar.

Marco Pérez, por su parte, entra en la clasificación de los niños prodigio dicho sea en el mejor de los sentidos. Torero talentoso, lo que siempre se dijo torero largo en referencia a sus recursos y capacidad para resolver. Tiene un acerado carácter competitivo que sumado a sus hechuras aniñadas impacta y él sabe sacarle rédito artístico. Y esto del toro es para listos. En la última temporada ha crecido mucho y justamente su valoración ha crecido también.

Víctor Hernández ha tenido el infortunio de que rápidamente le etiquetaron como el nuevo José Tomás. La comparativa, queriendo ser un halago, fue un peso añadido a la llegada al escalafón superior, no porque se le parezca más o menos sino porque le obligaba a superar unas expectativas apenas llegado que ni el propio Tomás alcanzó de primeras. Lo mejor que tiene es que sí tiene cosas de José Tomás, la firmeza de plantas y cierto intimismo en la plaza.

Aarón Palacio, un torero a tener en cuenta.

Aarón Palacio le ha devuelto la ilusión a la afición de Aragón. Afortunadamente, que una tierra sin torero es un jardín sin flores y este Aarón tiene cualidades para ser el torero de Aragón y de muchos más jardines. Menudo de cuerpo, bravo, listo, cabeza despejada, con capacidad y soltura para pensar en la calle y si se torea como se es, tiene sitio en el ruedo. En su primer año de alternativa ha salido al ataque sin más reservas. Y sin amilanarse, no sería Aarón.

Julio Norte es el benjamín del grupo. Llega con la velocidad de crucero con la que llegaban los novilleros punteros de décadas pasadas. Sin complejos, ambicioso y guerrero, contrastado en las cornadas pese a su juventud. Sin querer entrar en comparaciones, que podría, Salamanca tiene un nuevo talento. Pisa el ruedo con osadía, pero con solvencia, justo a lo que obliga sus aspiraciones.

Ante esa realidad tendrá que ceder el muro del llamado sistema, una entelequia en la que en demasiadas ocasiones se quiere justificar los fiascos. Y una apostilla final, me podré equivocar con la composición del sexteto, quién no lo hace en el toro, pero a los toros se va con ilusión o mejor no se va, se apuesta o se cae en la rutina. En ilusionante espera anda la afición.

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