VILLASECA DE LA SAGRA

La zurda de un Mene sin espada, argumento de la segunda del Alfarero de Oro

Redacción APLAUSOS
viernes 04 de septiembre de 2026
El Mene pinchó una gran faena al natural al buen cuarto y firmó los pasajes más brillantes de una novillada de Pedraza de Yeles marcada por la falta de fuerzas
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Abrió la tarde un hondo novillo de Pedraza de Yeltes que permitió a El Mene lucirse en un templado saludo a la verónica. La debilidad del animal afloró pronto, obligando al picador Héctor Piña a medir mucho el castigo en el caballo, una falta de fuerza que también condicionó el tercio de banderillas. Con inteligencia, el novillero estructuró una faena de muleta a media altura para afianzar la embestida de un astado con calidad pero falto de empuje logrando trazar muletazos cadenciosos por ambos pitones que, lamentablemente, no pudieron alcanzar mayor eco debido a la flojedad de su oponente. Lo mató de una gran estocada y fue silenciado.

El segundo no terminó de entregarse en el capote de Martín Morilla, quien incluso sufrió un pequeño susto tras un enganchón inicial. Su paso por el caballo fue discreto, cumpliendo sin más y mostrando ya las fuerzas justas. Aunque el novillero sevillano inició el trasteo de muleta con buen gusto y compostura, el astado de Pedraza de Yeltes se apagó con rapidez, acusando una evidente falta de recorrido. A base de insistencia y voluntad, Morilla logró extraerle algunos pases estimables por el pitón derecho, pero las nulas opciones del afligido animal impidieron que la faena tomara vuelo, concluyendo la labor con una estocada baja.

Mucha caja tuvo el tercero, que acometió con mayor viveza que sus hermanos en el capote de Simón Andreu. El ejemplar de Pedraza de Yeltes ofreció un mejor comportamiento en el tercio de varas, empujando y metiendo los riñones con fijeza en los dos encuentros. Esa mayor movilidad permitió al novillero valenciano templarse y correr la mano con gusto en las primeras tandas de muleta. Andreu, que brindó la faena a su paisano y compañero El Niño de las Monjas, planteó un trasteo muy medido y suave ante un oponente que, aunque tuvo celo y fijeza, careció de la transmisión y la raza necesarias para ligar los muletazos y conectar con los tendidos, cerrando su actuación con una estocada.

El cuarto novillo de Pedraza se movió con clase en el lucido saludo capotero de El Mene y se empleó metiendo los riñones en el peto. El salmantino logró que la tarde rompiera gracias a una soberbia faena al natural, donde firmó tandas verticales, templadas y de muchísimos quilates por el pitón izquierdo. Sin embargo, la falta de acierto con la espada tras tres intentos emborronó el triunfo, quedando todo en una fuerte ovación.

El quinto, de impecables hechuras, permitió a Martín Morilla estirarse en un vistoso saludo a la verónica ganando terreno. Sin embargo, tras el tercio de varas el de Pedraza de Yeltes comenzó a derrumbarse. Las constantes pérdidas de manos al inicio de la faena de muleta provocaron las protestas del público, que se desconectó por completo del trasteo. Pese a que el animal se vino abajo de forma definitiva y careció de toda emoción, el novillero sevillano derrochó voluntad por justificarse ante la nula embestida, emborronando su esfuerzo al no estar acertado con los aceros.

Cerró la tarde un ejemplar de Pedraza de Yeltes de menor arboladura que sus hermanos, que evidenció una alarmante flojedad en los primeros tercios pese a la gran clase con la que tomó los capotes en la lidia. De embestida pronta y franca inicial, tras sufrir un tropiezo comenzó a desfondarse y a perder transmisión. Frente a él, Simón Andreu logró los pasajes más lucidos y templados sobre el pitón derecho. El valenciano pasaportó al novillo de una estocada casi entera. Silencio.

Villaseca de la Sagra (Toledo). Viernes 4 de septiembre de 2026. Novillos de Pedraza de Yeltes, hondos y faltos de fuerza a excepción del buen cuarto y el manejable sexto. El Mene, silencio y ovación con saludos; Martín Morilla, silencio y silencio; y Simón Andreu, silencio y silencio. Entrada: Tres cuartos.

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