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Los hombres no caben en los armarios

El toro “chico” de México es el toro que ya casi no hay aquí: Saltillo. Y ese es un encaste que demanda el público torista de aquí, el mismo que se mofa del tamaño del toro de allí, que es lo que quiere aquí. Saltillo. No es un juego de palabras, es un capricho histórico de sangres y tamaños. Te quiero a ti, pero te quiero más grande.

Me precio de conocer México. No es que sea experto porque nadie puede ser experto en una pasión y México es La Pasión. Tengo un gran apego al país y a su tauromaquia, diversa de norte a sur, bronca, dura, a veces país dolor, siempre país para amar. México, como esas mujeres de una vez, no dejan otra opción al corazón. O lo amas o ni siquiera lo aprecias. Conozco su campo, las plazas, los públicos… en parte. Sólo en parte. Suficiente para saber qué toro exige o pide cada plaza, qué es lo que hay en el campo y qué es lo que pasa. Y lo que está pasando es una contradicción que nos deja con el culo al aire a quienes tenemos tanto apego a México.

Es cierto, el toro allí no es grande. No hay eso en el campo. El toro se divide en “lo español”, que hay poco pero muy bueno en varias ganaderías, y en lo demás, lo mexicano, oriundo de “saltillo”. Es decir, que el toro “chico” de allí es el toro que ya casi no hay acá: Saltillo. Y ese es un encaste que demanda el público torista de aquí, el mismo que se mofa del tamaño del toro de allí, que es lo que quiere aquí. Saltillo. No es un juego de palabras, es un capricho histórico de sangres y tamaños. Una de esas paradojas que sólo se da en el toreo. Te quiero a ti, pero te quiero más grande.

Dicho esto, pasamos a otra contradicción que yo creo que es irresponsabilidad. Pablo Álvarez, Palillo, toma las riendas de La México y resulta que hace un derecho de apartado muy bueno… y sale el toro chico. Muy chico. Hasta la de Jaral de Peñas, muy chico. Si en DF no piden el toro de cornamenta grande sino de cuajo, si el tamaño jamás será el de España, si, además, los carteles son buenos y se cobra una buena “lana”, los toreros han de pensar en más adelante. Ayudar al cambio. Ayudar a que DF sea la gran plaza de referencia que todo país necesita. Y, con esos carteles rematados, elegir otro toro, que jamás será el de la carretera. Un toro digno.

Tengo la certeza de que ese toro también será criticado desde aquí por algunos. Pero la cuestión no es aquí sino México y sus públicos y su tauromaquia. México no puede ser zona de hacer caja. Sería injusto. México es para crecer. Dar más credibilidad es crecer, es fortalecer el toreo, es hacerlo más sano. Y no creo que ningún torero español o mexicano vaya a sufrir con el tamaño del toro digno de esa plaza. Hay que ayudar a ese cambio que parece venir de la mano de un empresario joven. Porque el cambio pasa, como todo, por el toro. Y lo escribo siendo consciente de que América y sus países, y dentro de cada país, sus lugares propios, tienen un toro que no entra dentro de la mentalidad de los grupos de aficionados españoles.

Por pedir, me gustaría que los ganaderos mexicanos reflexionasen sobre la posibilidad de no sujetar las riendas a lo que puede aportar el toro “español”. Aclimatado a esa tierra desde hace tiempo, ha visto vacas excelentes y toros superiores. Sería bueno dejar galopar a esa otra sangre, proteger menos a la mayoría y dar oportunidad a esa minoría de toro llamado “español”. Y lo digo siendo consciente de que los ganaderos, desde el más rico al menos rico, hacen, como aquí, un grandísimo esfuerzo. Económico y hasta social.

Porque que nadie crea que en México no hay contra taurinismo. Sucede que los hombres y las mujeres de allí, los pesos pesados de la economía y de otros sectores, no se esconden a la hora de decir quiénes son y qué pasión tienen. Sin ir más lejos: Alberto Bailleres. Nuestros hombres de empresa, sin embargo, andan tras la cortina, dentro del armario. Allí no. Allí, en el armario sólo hay ropa. Los hombres no caben en los armarios.

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Los hombres no caben en los armarios

Carlos Ruiz Villasuso

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