Tuvo momentos de rabia, de los que te invitan al agnosticismo político y hasta al taurino, como esa vuelta del registro de profesionales taurinos que no sé si incluye la totalidad de las competencias sobre el toreo al Ministerio del Interior pocos meses después de aquella cacareada mudanza al Ministerio de Cultura. Hay que ver la gente que se adelantó a reivindicar la paternidad de un triunfo que se vendía como definitivo.
Es cierto que la idea no era mala, al contrario, pero comprobado lo efímero del viaje, me trae a la memoria la facilidad sospechosa con la que Rubalcaba se quitó de en medio a los emisarios del toreo y las posibles incomodidades que podía generar una queja de las estrellas cuando se avecinaban tiempos electorales. ¿Que queréis estar en Cultura?... pues a Cultura. Si queréis irse, irse… y se fueron tan contentos. Ahora están/estamos de vuelta y a la espera de explicaciones que permitan entender algo que suena a esperpento. Tampoco importa mucho, como tampoco es definitivo que nos abran la ventanilla en un lado u otro, lo realmente definitivo sería que nos atendiesen, la voluntad política de respaldar al toreo, ahora mismo de salvar al toreo. La cruda realidad de los últimos meses, ataques nacionalistas y prohibiciones aparte, lo único que hemos conseguido es ese estoconazo del IVA a las novilladas que invita al fraude o a la desaparición.
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Los regates del Ministerio
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