Marco Polope, novillero de la Escuela de Tauromaquia de Valencia, dejó patente en la final de las novilladas celebrada en Sanlúcar de Barrameda algo que va mucho más allá del resultado: la sensación de que estamos ante un torero con personalidad, con inquietudes propias y un perfil diferencial. La cuestión en tiempo de tanta uniformidad y seguidismo de las figuras es muy a tener en cuenta. Sobre todo, si aceptamos que el toreo es un arte y no un curro.
Este Polope transmite la inquietud de quien quiere mostrar su propio estilo delante del toro. Sin concesiones. Sin esfuerzo aparente. Con elegancia. Sin demagogias. Con riesgo (asumido) de incomprensión de quienes les gusta el plato de cuchara y el trazo grueso. Tal lealtad merece premio. Porque torear distinto no consiste en hacer las cosas de otra manera por el simple afán de llamar la atención, se necesita sentirlas. Consiste en tener una manera propia de entender el toreo, de expresarlo. Tener un misterio y contarlo, dijo el oráculo. En este punto de la disección artística del joven Polope, me viene a la memoria la teoría de quien fue brujo y genio de los toreros de plata valencianos, el recordado Paco Honrubia, profesor fundacional de la escuela y ferviente defensor de la personalidad por encima de otras cualidades: para ser torero, decía, lo primero es parecerlo. Ante lo cual estoy convencido de que hubiese sido partidario de este Polope.
En Sanlúcar volvió a quedar patente que Marco cumple con la premisa desde lo diferencial, lo es y lo parece. La cuestión con ser importante diría que necesaria, no es suficiente. Precisa entrega, sacrificio, constancia, chispazos de arrojo, que no lo olvide, pelear contra lo que muchas tardes pueda parecer indolencia. Debe saber que quedarse en las formas no abre puertas y sí pone en riesgo las cualidades que Dios le ha dado, justo lo que tiene él y no se aprende. Por eso hasta le puedo disculpar que se fuese a la puerta de chiqueros, un día, no más. Detalles que manejados desde la oportunidad incluso puede darle color a los de su clase, aquel día que Polope se fue… pues eso, un día. Ahora como todos los aspirantes necesita tiempo, rodaje y oportunidades para desarrollar lo que lleva dentro. Que es mucho.
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Marco Polope, diferente
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