La corrida del Tajo y la Reina, en general, ha sido descastada y escasa de fuerzas. Sólo el lote del toricantano Francisco José Espada ha tenido las condiciones mínimas para que su doctorado sea digno de ser recordado.
Los toros del Tajo y la Reina no han permitido a Morante y Manzanares mostrar en Cuenca su gran momento, porque la corrida, en general, ha sido descastada y escasa de fuerzas. Sólo el lote del toricantano Francisco José Espada, con algo más de movilidad, ha tenido las condiciones mínimas para que el día del doctorado del torero de Fuenlabrada sea digno de ser recordado. Una oreja a cada uno les ha arrancado Espada con su insistencia, ilusión y buenas maneras. Padrino y testigo han abandonado la plaza entre unos pitos injustos, porque la verdad es que tanto el de La Puebla como el de “la terreta” lo han intentado todo frente a cuatro marmolillos infumables.
No obstante, para quienes paladeamos el toreo, ha habido verónicas de diseño y naturales limpios y cadenciosos de Morante y una faena elegante llena de temple y armonía de Manzanares, en su segundo, que, bien rematada con su tantas veces flamígera tizona, habría tenido premio. Todo lo cual frente a astados con tan pocas condiciones para el lucimiento es revelador de la buena disposición con que han viajado a la ciudad de las casas colgadas los dos citados artistas del toreo.
Espada ha realizado dos faenas demostrativas de que se ha doctorado en el momento adecuado. Sobre todo en el último de la tarde, que ha tenido más movilidad que sus compañeros de hierro, se ha mostrado ambicioso y con sobrada preparación para el paso que ha dado en su carrera. El público se ha entregado con el nuevo matador de toros con exagerada euforia, quizás con la doble intención de castigar a las dos figuras del toreo que le acompañaban en el cartel. Y es que abroncar a un torero sin tener en cuenta para nada lo que tenido delante no es algo digno de encomio ni mucho menos.
Y mañana, la presentación de López Simón, precedido de justa fama de gran revelación de la temporada, así como la presencia de Castella, en un momento cumbre de su largo recorrido torero, y la guinda de El Fandi, que en este tipo de plazas cuenta con gran predicamento.
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