La situación aprieta. Eso se siente. Tanto que entra en la categoría de la perogrullada. Está en la calle, en las plazas, en las taquillas, en los medios, en las familias y en el alma por no mentar la bolsa. A la espera de que venga alguien y lo resuelva. En la política y naturalmente en los toros que es lo que nos ocupa. Ya está tardando ese alguien. Yo en esto del toro creo más en los hombres que en los planes. Entre otros motivos porque nunca hubo planes serios. La crisis de la posguerra la solucionó Manolete y la necesidad de divertirse que agobiaba a los españoles. El vacío de Manolete lo resolvió en muchos sitios Litri con su toreo cargado de fatalismo por el no saber dónde iba a parar aquello, en Valencia se pasó de tres corridas en Feria de Julio a siete novilladas y es sólo un ejemplo.
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