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Sobral, la historia continúa

En el término portugués de Beja, en plena región del Bajo Alentejo, pastan los toros de Sobral. Una divisa joven aunque en manos de una familia ganadera ilustre en este país, que ha retomado de nuevo su andadura en la ganadería brava bajo la experiencia de Manuel Passanha Sobral y la juventud e ilusión de sus hijos José Antonio y Manuel Sobral Justiniano. Una ganadería muy singular con procedencia Cebada Gago y Marqués de Domecq, cuya principal característica es la variedad de pelajes: sardos, salineros, burracos, carboneros… Y con una ilusión: criar el toro bravo y que emocione, pero con el que pueda triunfar el torero.

En la finca portuguesa Herdade Barbas de Lebre pastan desde hace nueve años los toros de Sobral, una vacada que don Manuel Passanha Sobral adquirió a Ángel Bohórquez, un ganadero gaditano que crió un toro muy particular con sangres de Cebada Gago y Marqués de Domecq, y con una característica que le diferenciaba de los demás: la variedad de pelajes. Por eso, asomarse a las llanuras de esta finca portuguesa es un regalo para los ojos del aficionado, que se encuentra con toda una paleta de pelos muy llamativa y singular. Apenas algún toro negro asoma por detrás de las encinas, toros con unas hechuras diferentes, altos, huesudos, con kilos. Estos toros negros son los que provienen del encaste originario de la familia Passanha Sobral y que Don Manuel logró recuperar con algunas vacas adquiridas a Álvaro Domecq, quien en su momento compró parte de la ganadería familiar de Condesa de Sobral. Don Manuel ha vuelto por tanto a ser ganadero después de muchos años alejado de la crianza del bravo, con la ilusión de recuperar el nombre que esta ganadería tuvo en los años 60 y 70 en España.

Diego Passanha, abuelo de don Manuel, fue el fundador de esta saga de ganaderos en los años 50, con ganado procedente de la viuda de Soler, origen Marqués de la Conquista (casta Jijona). En el año 1956 compró también una parte de la ganadería de Urquijo por sorteo. La mitad de la ganadería la heredó su hijo Luis, que hoy día se lidia a nombre de Passanha y cuyo destino principal son los festejos de rejones por su procedencia Murube-Urquijo. La otra mitad, que procedía de la viuda de Soler, quedó en manos de su otra hija, María Passanha, madre del actual don Manuel, quien recuerda aquellos tiempos con mucha nostalgia: “La ganadería de mi madre se anunció muchos años con el nombre de María Passanha. Entonces lidiábamos mucho en España, de la mano de Manuel Chopera sobre todo. Recuerdo una novillada en Bilbao que la toreó El Niño de la Capea; también fuimos a Logroño, que siempre ha sido una plaza muy exigente; en Talavera de la Reina, donde un 16 de mayo de 1969 dos toros fueron premiados con la vuelta al ruedo; y en Zaragoza lidiamos la última corrida que Chopera nos llevó a España. Aquella corrida se televisó y tanto mis padres como yo la vimos a través de un televisor pequeño en blanco y negro desde Sevilla. Fue cuando tuvimos que salir de Portugal por la revolución y claro, no teníamos dinero. Y quince días después de la corrida, nos llegó a casa un cheque de la televisión de 300.000 pesetas, que nos llenó de alegría”, explica.

Fueron años muy buenos que tocaron su fin con la llegada de la Revolución de los Claveles en 1975, cuando llegaron a ocupar la ganadería durante diez años y la familia Passanha Sobral tuvo que emigrar a España. Durante esa década mermó mucho la vacada. Fue un golpe duro. No hubo selección, no se lidiaba nada y muchos aprovecharon la coyuntura para tirar de picaresca y llevarse el ganado que quisieron sin que nadie se lo impidiese. “En 1985 yo logré recuperarla”, asegura don Manuel, “y mientras mi madre vivía, estuve yo al cargo de la misma. Entonces le cambiamos el nombre, por recomendación de Antonio Ródenas, y pasó a llamarse Condesa de Sobral. Pero al fallecer mi madre en 1990 y hacer las particiones entre mis hermanos, uno de ellos, Joaquín, se queda con la ganadería que, años después, vendió a Álvaro Domecq Romero y Luis Erquicia, que eliminaron todo lo anterior y fue absorbida por la procedencia Torrestrella. Hace poco la vendieron a los Hermanos Vázquez Gavira, de Medina Sidonia. Por cierto, el hierro es una S, que no significa Sobral, sino Soler”, explica con detalle don Manuel que, con los años, logró recuperar 15 vacas puras de su madre. “Se las compré con el corazón a Álvaro Domecq y me costaron carísimas. Es una línea que llevamos por separado aunque hemos hecho algún cruce y ha dado bien. Sólo nos quedan cuatro de aquellas vacas. Los dos toros que vamos a lidiar en los dos concursos de ganaderías este año en Portugal, pertenecen a ese encaste”.

En la etapa de exilio en Sevilla conoció a la que ahora es su mujer y la capital hispalense se convirtió en su ciudad de residencia durante años. “Yo siempre tenía en mente lo de volver a ser ganadero, porque es lo que de verdad me gusta. Pero sabía que si volvía a la ganadería, tenía que ser con ganado procedencia de Cebada Gago, porque siempre me ha gustado mucho por su motor, a diferencia de lo Domecq, que siempre ha estado muy bajo de raza”. Fue entonces cuando en 2007 adquirió parte de la ganadería de Ángel Bohórquez, que la anunciaba a nombre de Herederas de Bohórquez, con procedencia Cebada Gago y Marqués de Domecq. “A nuestras manos llegan cinco vacas herradas con el hierro del Marqués; con el de Cebada, nueve, y el resto con la B, de Bohórquez. No tenía ninguna referencia de las vacas porque Ángel Bohórquez no apuntaba nada”. A Ángel Bohórquez se le acusó en su momento de realizar monterías con los toros y aunque fue algo que negó, siempre fue defensor de legalizar este tipo de cacerías. Manuel Sobral afirma que Ángel “tenía la ganadería principalmente para eso, sin embargo lidió en plazas importantes como en Las Ventas. Recuerdo que en el año 2007, precisamente cuando compré la ganadería, salió un sobrero en la Feria de San Isidro de Madrid, de nombre Bollero, lidiado por Luis Francisco Esplá, que fue extraordinario, me encantó ese toro. Hubo al día siguiente una crónica en el periódico El Mundo que titulaba: Un gran toro que escapó de las cacerías”, explica entre risas.



LA BRAVURA POR BANDERA
La ganadería está formada actualmente por 100 vacas y cuatro sementales. “Es una ganadería corta y para nada tenemos la pretensión de lidiar en las grandes ferias, porque sabemos lo complicado que es y que dinero no se gana. No quiero que esta diversión se convierta en un dolor de cabeza. De esta manera, disfrutamos mucho”. Su predilección por la ganadería de Cebada Gago no oculta su pasión por el toro encastado. Pero asegura que no se considera “torista”. “Me gusta el toro bravo pero también que sirva para el torero. A mí me divierte ver triunfar a un torero con un toro nuestro, por eso me gusta que tenga clase, pero también debe tener fondo, duración, motor, casta… El toro bobalicón no me divierte, ni a mí ni a nadie. Nos gusta que haya un poco de emoción. No me clasifico como torista porque me gusta el espectáculo y que los toreros triunfen. Antiguamente las figuras mataban lo de Cebada Gago y ahora no lo quieren ni ver. Son demasiadas las exigencias de los toreros y eso resta emoción al espectáculo”, detalla con sinceridad. Una filosofía que comparte con sus hijos aunque “a veces peleamos un poco porque yo siempre quiero un poco más de motor, y ellos se decantan por la clase”.

Además del comportamiento, don Manuel destaca la morfología del toro de Sobral: “Estoy encantado con las hechuras. Lo que yo estaba acostumbrado a ver de mi madre no tiene nada que ver con lo de ahora, eran toros altos, con mucho esqueleto, que casi sin pienso daban 600 kilos de peso. Pero de la ganadería de ahora, además del trapío, lo que me vuelve loco son los pelajes, es una gozada pasear en medio de estos toros. Hay burracos, salineros, sardos… Una belleza incomparable”.

SEVILLA, LA PLAZA DEL DEBUT
Hablamos con uno de los dos hijos que están al frente de la ganadería, José Antonio Sobral, que vive más el día a día del campo. Nacido y criado en Sevilla, su acento no es para nada portugués. Es él quien nos cuenta el todavía corto curriculum de esta joven divisa. “En 2009 lidiamos en Sevilla el primer festejo de la ganadería. Fue una novillada sin picadores, en la que se cortaron dos orejas. Al año siguiente repetimos en la Maestranza sin caballos. Desde entonces fuimos lidiando sobre todo en Portugal hasta que conseguimos lidiar por primera vez una corrida de toros en España, en La Coruña, en el año 2013, a la que se le cortaron cinco orejas. Morenito de Aranda lidió a “Janoto”, otro toro para el recuerdo, en una tarde en la que salió a hombros con Juan Bautista. Los tres sobreros de esa corrida se lidiaron después en otras plazas; dos en Fitero, por El Capea, y otro en un concurso de recortadores en Móstoles. Pero la relación con la empresa que nos compró los nueve toros no acabó bien y dejamos de lidiar en España. El año pasado lidiamos un novillo, “Manijero”, en Laguna de Duero, que le dieron la vuelta al ruedo, que tuvo una calidad extraordinaria. También hemos lidiado tres novillos en Madrid en el ciclo de encastes minoritarios. Les gustaron a la empresa y a aficionados y al año siguiente nos propusieron ir con una novillada completa para tomar antigüedad, pero al final por distintas razones no pudo ser. Hasta ahora estamos muy satisfechos”.

Este año, el nombre de Sobral, se podrá ver en algunos carteles de las ferias españolas. “Llevamos tres sobreros a Madrid. Tenemos apalabrada una novillada para Calasparra en septiembre, otra novillada para Peralta (Navarra) y dos corridas de toros que todavía no tienen destino pero sí hay mucha gente interesada. Tenemos toros sueltos con trapío pero todavía no hay una corrida completa para plaza de primera. Es muy complicado conseguirla con el número de vacas que tenemos. También lidiaremos un toro en el concurso de ganaderías de Vila Franca de Xira homenaje a Fernando Palha, con un toro del encaste antiguo de mi abuela, y que ya rondará los 600 kilos de peso. Otro toro se lidiará también en un concurso de ganaderías, en Alcochete, también con lo del encaste antiguo”, concluye.

DORADO: PAMPLONA, MADRID Y AHORA, OTRA VEZ, EN LAS VENTAS
El toro sardo que abre este reportaje es Dorado, número 4. Tiene cinco años y el año pasado estuvo como sobrero en los Sanfermines, aunque finalmente no se lidió. Desde Pamplona viajó a Madrid. Tampoco se lidió y regresó al campo. Según José Antonio Sobral, “el toro se embarcará a finales de esta semana dirección Las Ventas, para San Isidro. Ojalá se lidie porque el toro es cinqueño y tenemos ganas de verlo. En el campo es un toro que tiene mucha nobleza. El toro es una estampa. Nos han llovido las ofertas, hasta para las calles. La gente se ha vuelto loca, incluso ha habido alguien que nos lo ha pedido para disecarlo entero. Que se lidie en Madrid es una oportunidad para abrirnos camino en España y que se nos conozca”.

Fotos: ISMA SÁNCHEZ