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La revolera

El mundo al revés

Un viejo y popular dicho, muy utilizado entre los aficionados a la Fiesta de los Toros, afirma que “No hay quinto malo” y el ejemplar de Fuente Ymbro lidiado esta tarde en Las Ventas después del cuarto, ha sido extraordinario y naturalmente ha brillado con luz propia en una, en general, buena novillada. “Jurista” se llamaba y era un gran novillo; bravo, encastado, fuerte y repetidor, de esos que se comen la muleta por abajo. Un novillo-toro de triunfo, cuya cabeza merecía ser conservada como recuerdo de la consagración en Madrid del torero al que le toco en suerte. Pero ese gran toro le ha llegado demasiado pronto al joven novillero Pablo Mora, que apunta detalles de un buen torero en ciernes. Era un toro al que había que darle sus, terrenos, sus distancias y su ritmo…Y eso no esta todavía al alcance de su matador. De lo que solo es culpable “el sistema”.

Cuando uno comenzó a ver toros, allá por los años cuarenta, los novilleros recorrían todas las plazas de los pueblos y ciudades donde se organizaban espectáculos llamados “menores”. En esos lugares se cocían los muchachos que intentaban la difícil y casi imposible aventura de ser toreros de postín. Unos llegaban –como siempre, muy pocos- y otros se quedaban en el camino, como siempre también. Pero en Madrid se anunciaban cuando ya estaban placeados y conocían el oficio, sino a la perfección por lo menos con la suficiencia para, si les salía un “Jurista”, situarse en el camino de la alternativa. Hoy se dan muy pocas novilladas y el proceso es a la inversa; los novilleros van a Madrid excesivamente bisoños a ver si hay suerte y pueden torear en las plazas de segunda y de tercera, y así ser torero es casi una misión imposible. Luego, repito, la culpa no es de ellos; es “del sistema”.

Si “Jurista” hubiera tenido delante al mismo Pablo Mora, con dos o tres años de lucha por pueblos, villas y villorrios, y alguna que otra feria de plaza de tercera y de segunda, el guapo novillo de Los Romerales habría sido arrastrado al desolladero sin los dos apéndices auriculares, los aficionados habríamos disfrutado como enanos de las hermosas embestidas de un toro bravo de verdad y a estas horas estaríamos hablando de un novillero que puede ser figura del toreo. El portugués Juanito, “Juanitu” que dicen sus paisanos, ha dado la impresión de ser el más puesto, y que revela un estilo más definido de los tres actuantes. Juan de Manuel, deja entrever condiciones muy positivas y el ánimo le secunda, pero repito que, cuando uno peinaba rizos y todavía no le había atacado la osteoporosis, la plaza de Las Ventas era la Universidad Central del toreo y allí iban los novilleros a pasar el Examen de Estado, que era el inevitable “nihil obstat” para comenzar la carrera en serio. ¡Qué tiempos! Porque, no nos equivoquemos, aquí no valen los másteres a los que tan aficionados son los políticos que padecemos. Aquí, el que sabe, sabe y el que no se queda de cuadra…