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La revolera

Simón Casas tira de la manta

¡Olé por Simón Casas! Por fin alguien ha tenido bemoles para poner el dedo en la llaga. Bueno, en una de las llagas más nefastas del toreo. “Mientras los empresarios no dejen de ser apoderados” esto no funcionará. Él también practica el mismo pecado, pero tiene razón cuando dice: “Si los demás lo dejan yo también lo haré, pero no les voy a dejar todo para ellos”. Y dice bien; o todos o ninguno. Pero es que hay más. A los que el “productor” les ha destapado el antifonario no solo son apoderados y empresarios sino también ganaderos y hasta los que trasladan los toros del campo a las plazas. No les falta más que tocar el bombo en la banda de música. No dejan un euro suelto para nadie. San para mí que los santos no comen.

Gracias Simón, por haberte decidido a hablar claro. Quien esto firma lleva años alertando sobre los vicios de la Fiesta, el mayor de los cuales es haber convertido a los toreros en gladiadores y las plazas de toros en circos romanos. En manos de esos “hombres orquesta”, los toreros ya no son artistas sino esclavos al servicio del enriquecimiento de los mendas en cuestión. Y el que protesta o intenta mejorar su situación… ¡A los leones! Ahí está el caso bien reciente de Alejandro Talavante, que después de dos grandes triunfos en San Isidro ha echado un año en el que estuvo ausente de las ferias más importantes del verano. Que si es más raro que una mosca blanca, que si tiene pajaritos en la cabeza, y bla, bla, bla… Puede que el Tala sea un tipo genialoide, pero es un gran torero y lo que ocurre es que se la han inflamado las pelotas de aguantar el egoísmo de ciertos personajillos que en cualquier otro negocio en el que hiciera falta cierto grado de preparación cultural, seriedad, bonhomía e inteligencia, no habrían valido ni para hacer los recados.

Y llegados a este punto no tengo por menos que acordarme de empresarios químicamente puros como Maximino, Carmelo y otros cuantos que hay por la geografía taurina afrontando el día a día sin ventajas ni sociedades espurias, hombres que se juegan lo que tienen y lo que deben para dar toros. Así es que muy bien Simón. No sé si te tendrás que arrepentir de tu ataque de sinceridad y honradez, pero en todo caso, ¡olé tus cojones!