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La revolera

Rubén Pinar, o caja o faja
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(Foto: Javier Arroyo)

Rubén Pinar, o caja o faja

Me llamó el día anterior a la corrida y me dijo: “Vente conmigo a Madrid que mañana no salgo andando del ruedo de Las Ventas”. No quise ir porque tengo estos días el cupo de sobresaltos cubierto, y además conozco muy bien a Rubén Pinar y se el grado de ansiedad que le produce ver cómo está poniendo de su parte, infructuosamente, lo posible y lo imposible por salir de la vía estrecha en que se encuentra. Y sinceramente, temí vivir desde tan cerca el arrimón espeluznante que, efectivamente, se pegó en el ruedo de la plaza de la Calle de Alcalá en el primer toro de la tarde.

Se despidió el sábado reflexionando: ¿Es que no hay ni un gramo de justicia en el mundo del negocio de los toros? Ha sido el máximo triunfador de la Feria de Albacete, plaza de segunda con toros de primera, durante tres años consecutivos, abriendo seis veces la puerta grande, lleva lidiando varios años las corridas más duras y difíciles en Madrid, en Pamplona y allí donde ha podido meter la cabeza, y no sale de los Miura, los Pablo Romero, los Saltillo y demás hierros de ese estilo. Pero es que ni siquiera los éxitos con tal material le abren las puertas de las plazas, como si no tuviera otro remedio que tragarse para vestirse de luces todo lo que de duro e imposible vomita el campo bravo español.

Y es valiente, tiene mucho oficio, su disposición no conoce límites, su ánimo es férreo y no lo doblegan los tragantones con “la fiera corrupia” ni el ninguneo de las empresas. Esta tarde en Madrid ha cumplido la promesa que me hizo ayer: No salió por su pie de la plaza. Aguantó, sangrando profusamente los gañafones del galafate de Partido de Resina, que le había partido el muslo con dos puñaladas de 25 y 20 centímetros, calificadas por los doctores como de gravedad. Solo cuando el zambombo dobló herido de muerte por su espada se dejo llevar a la enfermería.

Había hecho honor a su palabra: “O caja o faja”. Este Pinar esta hecho de la madera de los héroes. Y además tiene un gran oficio y hoy por hoy ha alcanzado un nivel de buen gusto toreando que le hace acreedor de mejor suerte con las empresas. Pero ¡Que digo!... ¿Donde están las empresas a las que les importe un bledo la vida o la suerte de los gladiadores que los enriquecen?