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La Pincelada del Director

La fuerza de la personalidad
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(Foto: Daniel Chicot)

La fuerza de la personalidad

En Arles volvió por un día Chamaco. De momento por un día. Lo dijo desde que se destapó su inesperada aventura, si hay ofertas se estudiarán… A la espera de noticias estamos pues. Al paso de su paso por Arles quería decir que el onubense, él y su familia, su señor padre sobre todo, un tipo genial, son un ejemplo concluyente de lo que se puede alcanzar en el toreo con personalidad. Viendo casos como el suyo es fácil concluir que es más importante la personalidad que los cánones. Se vio con su padre y se vio con él. Valor y personalidad y luego quien quiera decir que diga y quien quiera seguirle que le eche un galgo. De Arles se escapó de la cornada. Viendo las fotos y los vídeos no he podido por menos que acordarme de su padre, Antonio, cetrino de ojos orientales, ya retirado, dándole consejos desde el callejón que eran órdenes cumplidas al pie de la letra y sin rechistar, sin demora, ¡Tono…! esto y Tono obedecía a la velocidad del rayo por osado que fuese el mandato, que lo era, convencido de que un Chamaco estaba obligado a eso y a más. Y me acuerdo del maestro Fermín Murillo, que seguía los pasos del Chamaco grande, su amigo, entre admirado y asustado ante aquel torbellino que no dejaba de sorprenderle y que especialmente en el sudeste francés hacía temblar las piedras de la historia. Y qué decirles de la reacción de los públicos. ¡Chamacooooo! clamaban desde los tendidos torease quien torease. Era un grito que transitaba entre la devoción y el fanatismo excluyente, un Chamaco y nada más que probaba el arraigo de aquel fenómeno. Luego se apagó el ¡Chamacooooo! porque era ley de vida y porque los terremotos duran lo que duran por mucho que luego se recuerden. Y sobre todo porque las revoluciones son para su momento.