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BENLLOCH EN LAS PROVINCIAS

El toreo arde en Madrid
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(Foto: Javier Arroyo)

El toreo arde en Madrid

Las Ventas parece el Congreso, tal es el sindiós que se lía cada tarde. Roca Rey y David de Miranda han sido los últimos en superar la censura

El toreo arde en Madrid. Las Ventas parece el Congreso, tal es el sindiós que se lía todas las tardes. Mandan los prejuicios y posturas premeditadas, no se atiende, se abronca por sistema y una minoría tiene cogida por los cataplines al resto. Son como almas gemelas. En la carrera de San Jerónimo, ¡señoría, diga lo que diga, que me opongo!; en Las Ventas, se coloquen como se coloquen, siempre hay a los que nunca les parece que estén bien colocados.

Tienen mentalidad de linieres de fútbol, con perdón a los linieres. Siempre ojo avizor para detectar si está en línea o fuera de juego. Tienen un resorte en el banderín, en este caso en el pañuelo y a punto la frase hiriente.

Los hay, muchos, que tienen mentalidad de linieres. Un resorte en el banderín, en este caso en el pañuelo y una frase hiriente a punto. Sin más capacidad de análisis ni otra sensiblidad que la de los centímetros de más o de menos

Sin más capacidad de análisis ni otra sensiblidad que la de los centímetros de más o de menos. Juli lo puede atestiguar, lo sufrió en carne propia. No es el único aunque sí el último. Acudió a apagar el descalabro que había provocado la cogida de Ponce y los paisanos, porque son paisanos -el factor patria de los toreros siempre tuvo su intríngulis- en lugar de reconocérselo le mentaron todos los demonios. Amnesia se le llama a eso. O peor. Tampoco hay que rasgarse las vestiduras por ello, ni mucho menos mostrar sorpresa, ni le resta estatus a Juli.

Ocurrió desde que Madrid es Madrid, desde el mimísimo Guerra, que llegó a acuñar la célebre frase de ¡En Madrid que atoree San Isidro!, indignado ante los que vendían pitos para abroncarle antes de comenzar la corrida. La ilusión, el reto, es que llegado un momento sus señorías se pongan de acuerdo. Puede suceder, no hay que desesperar. Este año ya ha sucedido en varias ocasiones. Y entonces el fuego es pasión y es gloria.

Aun así me gusta Madrid. O por todo eso me gusta Madrid. Es necesario. En realidad se trata de un imprescindible examen de estado. Un aviso/freno a los asaltacorrales de otras latitudes.

Juli acudió a apagar el descalabro que había provocado la cogida de Ponce y los paisanos en lugar de reconocérselo le mentaron todos los demonios

Hay que reconocer que si las cosas se han puesto como se han puesto es porque se ha dado motivos para ello. En cualquier caso hay que reconocer que estamos viviendo un San Isidro feliz. Varios examinados han logrado atravesar con éxito las horcas caudinas de los fundamentalistas. Es un canto a la esperanza para todos, significa que la gloria está cara pero sigue siendo posible.

Un impacto, pura gloria, el de Aguado, tres puertas grandes y varios toreros que se quedaron en el mismo umbral cuando ni siquiera se ha llegado al ecuador de la feria, no lo recuerdan ni los más viejos del lugar. Y otro detalle a tener muy en cuenta para valorar el nivel de esta feria es que los triunfos se han conseguido desde estatus muy diferentes.

Aun así me gusta Madrid. O por todo eso me gusta Madrid. Es necesario. Es un aviso/freno a los asaltacorrales de otras latitudes. Hay que reconocer que si las cosas se han puesto como se han puesto es porque se ha dado motivos para ello

Roca Rey lo logró desde la posición de máxima figura del momento. El detalle aumenta el grado de dificultad. Se pudo comprobar con las reticencias con las que le recibieron. Estaba arrimándose como un condenado en su primero, incluso iba camino de la enfermería y le seguían negando. Fue así hasta que estallaron todas las emociones a la vuelta de la enfermería con una actuación tremenda, emotiva, arrolladora, ni el siete, ni el ocho, ni los fundamentalistas le frenaron, en realidad se entregaron como todos. La resistencia de Las Ventas se desplomó como si fuesen las murallas de Jericó cuando sonaron las trompetas del peruano llamando al combate.

El triunfo de Aguado no tuvo menos mérito. Fue además muy oportuno, se necesitaba torero artista y novedoso y ese no solo era él sino que estaba en el lugar adecuado.

En cualquier caso estamos viviendo un San Isidro feliz. Varios examinados han logrado atravesar con éxito las horcas caudinas de los fundamentalistas. La gloria está cara pero sigue siendo posible

Llegaba con la etiqueta de nuevo fenómeno y logró que no tuviesen en cuenta que su lanzamiento se hubiese producido en Sevilla, plaza con la que Madrid siempre mantuvo un pulso por el prestigio y gustó ponerle sordina a los triunfos de la Maestranza para dejar claro que la aduana del éxito estaba en la capital. No hubo problema esta vez, el delicado toreo de Aguado cautivó en Madrid sin más reticencias ni reservas. Pasó con Romero y Camino, sevillanos de lo más madrileños.

El triunfo de David de Miranda tuvo la etiqueta de la sorpresa, fue el descubrimiento de Madrid, que le adoptó desde el principio. Prácticamente era un desconocido, del que se sabía poco más que su capacidad de superación para dejar atrás una cogida que le tuvo postrado dos años con la amenazante posiblidad de no poder andar incluso. No es la primera vez que pasa, en tarde de figuras se apuesta al humilde. En este caso nada que suponga menoscabo ni rebaje de su triunfo. Fue de ley. El chico se arrimó como el primero e hizo lo que había que hacer para triunfar con la colaboración de un gran toro de Juan Pedro. La recompensa llegó automática, en cinco minutos del anonimato a la gloria, Simón Casas en reacción de lo más simoniana, añadió dos toros para que le viesen en Nimes.

Un impacto, pura gloria, el de Aguado y tres puertas grandes además de varios toreros que se quedaron en el mismo umbral cuando ni siquiera se ha llegado al ecuador de la feria, no lo recuerdan ni los más viejos del lugar

La puerta grande de Perera, la abrió por séptima vez en su carrera, tuvo la singularidad de una agria polémica, un cabreo de toma pan y moja que duró varios días. Los activistas se revolvieron contra el palco por concederele la segunda oreja de otro gran toro, éste de Fuente Ymbro, hasta seguían pidiendo días más tarde la dimisión del usía, personaje que campa a su bola, sin rumbo ni criterio. La cuestión ya parece la prehistoria en feria tan extensa, pero no descarten que la polémica presidencial tenga más ediciones. Esos son los cuatro que marcaron el inicio de la feria, pero hubo otros triunfadores que quedaron al pie del altar, Ureña entre ellos. Así que bendito incendio isidril. Es evidente que nada es imposible en Madrid.